19 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez solo cree en los militantes cuando hacen lo que él necesita

 

 

El secretario general del PSOE ha enmendado buena parte de las listas electorales votadas por sus militantes, especialmente en Andalucía, para colocar personalmente al frente a otros dirigentes de su máxima confianza, algunos incluso sin carné del partido.

Nada sorprendente en un mundo, el de los partidos, que tiende a organizarse piramidalmente, con un mando único plenipotenciario que hace y deshace a su antojo y lo maquilla como puede para no dar esa sensación: el cesarismo de Pablo Iglesias en Podemos, que dirige con mano de hierro incluso cuando está ausente, es buena prueba de ello.

 

Pero el caso de Sánchez es especialmente enojoso, pues comenzó su asalto a La Moncloa persuadiendo a los militantes de que solo él les representaba, presentando a la antigua dirección de su partido como una especie de aliada en la sombra de Rajoy frente a él, único depositario del famoso "No es no".

Sánchez usó a los militantes para ganar las Primarias y ahora les desprecia. ¿Cómo creerle cuando afirma nada?

Con ese mensaje, que presentaba la posición de dirigentes como Javier Fernández como un apoyo al PP cuando en realidad era un freno al pacto sanchista con el independentismo, logró vencer en las Primarias, comprometiéndose en ese mismo instante a que todas las decisiones se adoptarían en adelante con el plácet y la participación de los afiliados.

Fue un truco, uno más, de un dirigente político que adapta su mensaje a las circunstancias e intereses personales, como muestra el desprecio con el que trata a sus afiliados desde que logró de ellos lo que quería: ninguna de sus decisiones, desde entonces, se ha adoptado consultándoles. E incluso, como en el caso de las listas, cuando era preceptivo hacerlo lo ha ignorado a continuación.

Sin palabra

El actual líder socialista, por todo ello, no puede ser creído cuando afirma nada, por tajantemente que lo haga. De igual modo que algo tan sencillo como respetar la opinión de sus afiliados le resulta imposible, ¿cómo creerle cuando dice que no alimentará al independentismo después de haber llegado por él al Gobierno? Un político sin palabra es, sea cual sea su ideología, un problema general. Y Sánchez carece de ella.

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