La columna de Motes: La gira del Rey

En España no hay un debate entre monarquía o república, en la calle me refiero. Lo que hay es una operación con abyectas intenciones destinada a cambiar las normas de juego.

Vaya por delante: soy monárquico. No un monárquico obsecuente y acrítico sino más bien filosófico. Es decir, me rindo ante las virtudes de la monarquía constitucional como sistema aunque me reservo la opinión libre sobre las personas que temporalmente detentan la jefatura del Estado. Les cuento algo como introducción.

Durante algunos años y en en la etapa profesional en la que ocupé determinadas responsabilidades en la redacción de la tele pública, una de ellas fue la de gestionar el área de Nacional y reportar cada tarde al editor del informativo nocturno sobre las principales opciones del día de forma que pudiera configurar su escaleta. Eran los años del plomo. ETA mataba como si no hubiera un mañana en la fase de “socialización” del terror que ahora vuelve a nuestra memoria con la masacre de Hipercor, pero hubo otras matanzas. Mi amigo Carlos Casañ -que en la Asociación Amigos Fundación
Broseta desempeña un papel muscular en la hercúlea misión que esta asociación lidera para que la llama de la memoria no se apague- lo recuerda cada día.

Cada mañana a la hora del almuerzo que solía compartir con él, se acuerda de su hermano asesinado, el ingeniero valenciano y delegado de Ferrovial en Valencia José Edmundo Casañ a quien Urrusolo Sistiaga y Narváez Goñi quitaron de en medio en los albores de las Fallas de 1991. Su pecado fue formar parte de una compañía que construía un tramo de la autovía de Leizarán.

Como digo, el crimen terrorista era el pan de cada día en aquella España de los 90 y esa cotidianidad -unida a determinadas perversiones mentales que para un servidor siguen siendo un arcano- condicionaba el discurso político e incluso informativo. Hay colegas que ya entonces frecuentaban el relativismo moral y lo aplicaban a la narrativa televisiva. Tenía por entonces una compañera que -en una dinámica bastante habitual por aquel tiempo en la profesión- pervertía el uso del idioma a la hora de informar. En mi opinión, vamos.

Al monarca de ahora le está tocando gestionar una lista de grandes problemas, algunos surgidos de la inestabilidad del mapa político actual y otros sobrevenidos, como la pandemia.

Cuando redactaba sus noticias y para referirse a los crímenes de la banda usaba términos como “activistas”, “acción”, “banda armada” o “comando” en un intencionado blanqueamiento militarizante de las hechuras abyectas y criminales de ETA en lugar de los más adecuados “terroristas”, “asesinato”, “organización criminal”, etc, que yo oportunamente y en función de mis atribuciones le corregía. Por mi acción editora en pos de una semántica adecuada, ella me consideró un censor y mi ex compañera luego fue consejera regional de Podemos en Baleares y jefa en la nueva tele pública valenciana hoy. Estos son los hechos.

Este largo preámbulo pretende refrescar la memoria colectiva y matizar en lo posible y desde mi humilde parecer una inexactitud repetida ad ad nauseam estos días: “el reinado de Felipe VI está siendo mucho más complicado que el de su padre”. Lamento discrepar, ahora que los reyes de España arrancan una nueva road movie que les va a llevar a recorrer las Españas, pasando por la Comunidad Valenciana, para pulsar el ánimo de un país post COVID. Al monarca de ahora le está tocando gestionar una lista de grandes problemas, algunos surgidos de la inestabilidad del mapa político actual y otros sobrevenidos, como la pandemia. A ello hay que sumar el legado de su padre, el Rey Emérito, una herencia marcada por la codicia, ciertamente espinosa y que no obstante debe analizarse con criterios geopolíticos y con cautela.

Sin embargo, es precisamente el Rey Juan Carlos quien tuvo que lidiar con asuntos de un calado enormemente grave, como son los 1000 muertos del terrorismo de ETA, el terrorismo islamista o mucho antes las permanentes asonadas golpistas. No es cierto que cualquier tiempo pasado fue mejor y que el padre viviera más tranquilo que el hijo. La única novedad es que entonces los partidos políticos asumieron el sistema y lo defendieron y que en la actualidad buena parte de los actores se sitúan fuera de la Constitución en un golpe de estado en sesión continua.

Xuando el Rey venga por aquí, salgan a saludarle y dejen sin argumentos a los que plantean un debate estéril.

Miren, hay una peligrosa deriva -planificada y estratégicamente implementada- que persigue el cambio de régimen. En España no hay un debate entre monarquía o república, en la calle me refiero. Lo que hay es una operación con abyectas intenciones destinada a cambiar las normas de juego. 

Para acabar con el Rey los diseñadores del plan esgrimen distintas líneas de trabajo, como las economicistas con el coste de la monarquía. Ocultan que es la Casa Real la más barata de las existentes en Europa y más aún que las repúblicas más importantes de la UE- y todo el mundo sabe -ellos también- que todas las monarquías del mundo forman parte de democracias contrastadas, economías avanzadas, las sociedades más comprometidas y las más igualitarias. Paradójicamente, y por mentar algunos de sus fantasmas, repúblicas son las que encarnan o encarnaron los “estadistas Trump, Bolsonaro o Berlusconi”.

“Guarda’m la cria”, que dicen en mi tierra. Por eso, cuando el Rey venga por aquí, salgan a saludarle y dejen sin argumentos a los que plantean un debate estéril. Sólo pretenden desmontar la democracia constitucional y nuestro sistema de convivencia.

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