18 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El plan de Sánchez e Iglesias para “arrebatar” el Senado al PP

La jugada ya está en marcha y promete perdurar: el asalto al Senado es una primera parada de algo superior. ¿Quizá listas conjuntas de PSOE y Podemos al Senado?



 

“Se puede gobernar con renglones torcidos”. La mediática y significativa frase de Pedro Sánchez a sus ministros este pasado fin de semana en la finca toledana de Quintos de Mora resulta altamente preocupante. ¿Todo vale con tal de mantenerse en La Moncloa? ¿El fin justifica los medios?

Son preguntas, además de legítimas, oportunas viendo lo que está haciendo por perdurar un Gobierno que no llegó al poder después de ganar unas elecciones, sino tras una moción de censura y que dispone solamente del resguardo de una “minoría absoluta” parlamentaria de 84 diputados socialistas.

 

¿Puede acabarse con la seguridad jurídica “por decreto”, llevándose por delante la senda del déficit de las cuentas públicas, cercenando para ello el valor democrático de los votos del Senado? Según la brutal opinión del dirigente de Podemos Pablo Echenique (ahora uno de los soportes preferidos de Sánchez), suprimir el poder de veto que otorga la Ley de Estabilidad Presupuestaria a la Cámara Alta es prioritario para  poner fin a una atribución obtenida “ilegítimamente” y “de manera anómala” por el PP a través de su mayoría absoluta “espuria”.

¿Y los votos?

Parece que no hayan servido de nada los votos de los españoles que otorgaron esa representación. Para Echenique, al más puro estilo “bolivariano”, si el Senado molesta… “exprópiese”. Es el virus del populismo sudamericano, traído a España precisamente por los “exitosos” asesores de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.   

Sea como fuere, el control del Senado ha venido siendo una obsesión de Pablo Iglesias, convertido de nuevo en el socio preferente de Pedro Sánchez precisamente por esos trámites, reformas o acuerdos en los que su voz impone veredicto.

De hecho, ambos líderes guardan un plan diseñado para cimentar una alianza anti-PP. Entre las medidas barajadas por Sánchez e Iglesias está la presentación de listas conjuntas a la Cámara Alta en unas futuras elecciones generales para tratar de derrotar a los populares.

El plan, apenas elaborado, quedó en suspenso ante la deriva de Podemos en Cataluña. La aplicación por el Gobierno de Mariano Rajoy del artículo 155 de la Constitución con el respaldo del PSOE finiquitó esa pretensión de desplegar en el futuro una “unidad de acción” de la izquierda.

Pedro Sánchez ha convergido ya con Pablo Iglesias en la estrategia de tirar por la calle de en medio, arrojando las urnas contra los votantes

Pero las aguas entre Sánchez e Iglesias vuelven a su cauce. “Crece la confianza entre ambos”, señalan fuentes cercanas al presidente. En el Palacio de La Moncloa es llamativo el entusiasmo por su “socio” de referencia. Y ahora mismo hay quienes apuntan que no es descartable que este otoño sus formaciones sellen un acuerdo de gobernabilidad que dote de mayor estabilidad parlamentaria al Gobierno.

Muchos mandamases socialistas de hecho consideran que no podrá en el futuro haber un gobierno de izquierdas sin el concurso de PSOE y Podemos. Así que, de mantenerse en el tiempo esta línea de pensamiento, cosa que habrá que ver dada su permanente rivalidad, se recuperará la idea de ir “codo con codo” a las elecciones a la llamada Cámara de representación territorial.

Ciertamente el Palacio de la Plaza de la Marina Española ha venido siendo un destino que muchos han llegado a considerar como cementerio de elefantes, el lugar donde políticos veteranos se retiraban antes de la jubilación definitiva.

La reforma pendiente

Esa función la ha cumplido, a juzgar por la presencia de algunos históricos tanto del PP como del PSOE; también la de una cámara con la que ambos partidos tradicionalmente han buscado premiar los servicios prestados de ex dirigentes o colaboradores cercanos.

Así las cosas, no es raro, por supuesto, que la reforma del Senado sea una de las cuestiones  continuamente solicitada por todas las formaciones políticas o, incluso, que Ciudadanos haya pedido su supresión. Resulta evidente, o lo ha sido al menos durante décadas, que se ha descuidado el prestigio de la institución.

Pues bien, esa realidad ha quedado sin embargo superada ante el intento del líder socialista, de la mano del morado, y junto al resto de sus aliados de la moción de censura, de sortear por las bravas el paso del techo de gasto por la Cámara Alta, amparándose en la tramitación exprés de una proposición de ley.

El Senado, pese a pasar por un actor denostado de la política, integra, junto al Congreso, las Cortes Generales configuradas como un Parlamento bicameral y resulta clave en materias trascendentales: reforma constitucional, suspensión de una autonomía a través del artículo 155 o, claro, el veto a la senda de déficit. Así está establecido y los contrapoderes en democracia son esenciales para evitar desmanes indeseables que, una vez perpetrados, tienen malos remedios.

 

Sin apoyos políticos claros, el presidente del Gobierno ya vio cómo sus socios, a excepción del PNV, renegaban en julio de su senda de estabilidad en el Congreso, precisamente ante la previsión de una oposición en la Cámara Alta donde los populares gozan de mayoría absoluta.

Que sus muletas volviesen a dejarlo solo representa un riesgo que nada gusta al presidente, empeñado como está en apurar la legislatura. Y ello, a pesar de no tener capacidad alguna para desplegar un programa legislativo que ofrecer a los españoles, más allá de desenterrar a Francisco Franco o jugar continuamente a explotar los golpes de efecto, confundiendo el interés general con los “trending topic” de Twitter, por cierto mayoritariamente crítico con sus “kennedyanas” ocurrencias.

La voluntad del pueblo

De momento, Pedro Sánchez ha convergido ya con Pablo Iglesias en la estrategia de tirar por la calle de en medio, arrojando las urnas contra los votantes al sostener que, a la postre, los resultados que en las generales otorgaron la mayoría al Partido Popular en el Senado carecen de valor si chocan con sus intereses partidistas. El presidente del Gobierno socava un principio democrático esencial: el dictado indiscutible que expresa la voluntad del pueblo en elecciones. Un peligroso camino donde los haya.

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