17 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Son niños, no antifascistas

 

 

Sólo hay que ver las fotos de las manifestaciones supuestamente antifascistas de estos días en diversas ciudades andaluzas para darte de bruces con una realidad dantesca.

Son niños, chavales de instituto, algunos de primer o segundo año de facultad. Jóvenes que deberían estar en las bibliotecas, en las plazas con sus amigos, en las canchas de baloncesto, y que sin embargo no han dudado ni un segundo en salir a quemar contenedores a una orden desde Madrid del Marqués de Galapagar, que tras su enésimo discurso incendiario se volvió a su mansión en La Navata a tiempo para que el servicio le sirviera el té con pastas.

Jóvenes perfectamente uniformados intelectualmente, colectivizados para que actúen como rebaño, para que no piensen, sólo obedezcan. Los ataques siempre ad hominem, no discuten argumentos, sólo reconocen al adversario que previamente le han etiquetado sus líderes como enemigo y comienzan a darle “jarabe democrático”, muy parecido en aroma y gusto al verdadero fascismo.

Los jóvenes franceses que inundan las calles son de izquierdas y de derechas sin distinción y hablan de subida de impuestos, del elevado coste de la vida

Los vi parados en mitad de la calle gritando ¡no pasarán!, pero es que se lo gritaban a un autobús de línea lleno de currantes deseosos de llegar a casa con sus familias después de un duro día de trabajo. Se han confundido de época.

40 años de socialismo, 40 años con las tasas de paro juvenil más elevadas de Europa y no salieron, 40 años con los índices de fracaso escolar más altos de España y no salieron, 40 años de corrupción sistemática, con dos ex presidentes en el banquillo y el caso más grande de desfalco de dinero público de toda la unión europea y no salieron.

Ahora, el día después de unas elecciones libres, se lanzan a la calle a romper escaparates porque al líder supremo no le gusta lo que ha votado la gente. ¡Puta plebe!, qué sabrá el pueblo ignorante lo que es mejor para Andalucía.

Lo que de verdad es bueno para los andaluces y las andaluzas, y los andaluzos también, lo saben er Kichi y la Tere, que no os enteráis fachas de mierda, señoritos de cortijo, que sois todos del Ibex 35, no como nuestro diputado Cañamero, ese jornalero que tiene las manos como una nadadora de natación sincronizada.

He oído ahora que quieren copiar a los chalecos amarillos franceses, ¡ja!

En Francia salieron a la calle sin ninguna orden política detrás, sin obedecer a ningún sindicato o colectivo. En Francia salieron a la calle por la misma subida de impuestos a los carburantes que tomó el presidente Pedro Sánchez nada más llegar a La Moncloa sin que nadie se echara a la calle.

En Francia no salieron a la calle el día después de que Le Pen quedara segunda en unas elecciones generales, entre otras cosas porque la mayoría de los obreros de la periferia de parís, son votantes de Le Pen.

Su historia

En Francia los manifestantes se paran en Vendôme o en Trocadero y todos juntos cantan el himno nacional como si se les saliera el corazón del pecho. Ondean banderas francesas, no símbolos de represión, hambre y muerte como la hoz y el martillo.

En Francia los manifestantes pasan por delante de Los Inválidos y no destrozan su fachada ni piden sacar de su tumba al dictador, levantan la cabeza orgullosos de su historia, de la buena y de la mala, de toda su historia.

 

 

¿Y los niñatos de estos días en Cádiz o Sevilla quieren ser la revolución de los chalecos amarillos en España? La revolución de los chetos y la Play Station más bien, no nos engañemos.

Los jóvenes franceses que inundan las calles son de izquierdas y de derechas sin distinción —de hecho Melenchon y Le Pen ya andan a la caza intentando apropiarse de la ola de indignación, aunque allí lo tendrán bastante más difícil de lo que lo tuvo Podemos en España—, todos a una, cada vez que tienen un micro delante hablan de subida de impuestos, del elevado coste de la vida.

 

 

A los nuestros en cuanto les meten la alcachofa se saben todos de memoria el mismo discurso: antifascistas, anticapitalistas, feministas, heteropatriarcado y bla bla bla, y el que no esté de acuerdo caca culo pedo pis… neoliberal y facha.

Robots dirigidos por otros bastante más listos que ellos. Como liberal seguiré luchando para que ningún grupo organizado colectivice y por lo tanto manipule y controle la vida de mis hijos, para que ningún marques de Galapagar quiera embolsar sus ideas, y minimizarlas a cuatros eslóganes baratos para gritar por las calles y parecer rebeldes

El "comandante" de turno

Pienso hablarles mucho para que nunca se vean idiotizados por esa masa donde el individuo pierde toda su irreverencia, todo su espíritu crítico, toda su libertad y se convierte en otro tonto útil y manso que sale cuando se le ordena, y para cuando el comandante de turno manda a parar.

No me imagino a los manifestantes franceses siguiendo las diatribas del señorito Iglesias. Menos me los imagino escuchando su alegato del día después de las elecciones, su alarma antifascista, su llamamiento a todos los colectivos previamente fagotizados por su partido, más bien creo que al Marqués de Galapagar le faltarían Campos Elíseos para correr… para que le corrieran a gorrazos.

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