18 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Plagios en política: la doble vara de medir según sean del PP o del PSOE

La dimisión por copiar de un alto cargo del PP resucita el caso del presidente en funciones, que añadió al plagio una burda mentira utilizando a la propia Moncloa.

 

 

 

El Gobierno de la Comunidad de Madrid ha obligado a dimitir a su directora general de Educación Concertada tras desvelarse en ABC que plagió una parte nada desdeñable de su tesis doctoral, en la misma época e idéntica Universidad que tramitó el polémico doctorado de Pedro Sánchez, la privada Camilo José Cela (UCJC).

La salida de Concepción Canoyra, presentada como una decisión voluntaria pero inducida sin ambages por Isabel Díaz Ayuso, es el justo castigo para un fraude indecoroso e impropio no ya de un gestor educativo público, sino también de cualquier persona que logre así la habilitación para doctorarse y, en consecuencia, busque un lucro profesional en el mundo universitario.

El caso resucita otro bastante más grave que el PSOE, con la complicidad sonrojante de un ecosistema mediático volcado en favor de Pedro Sánchez, ha intentado enterrar sin éxito total: el plagio del actual presidente en funciones, tan descarado como tapado por la maquinaria del poder institucional.

 

Sánchez no solo copió porciones literales de su tesis doctoral, sino que además hizo con ella un libro comercial y, a conocerse el infumable fraude, utilizó a la propia Moncloa para fabricarse con mentiras una coartada: difundió por canales públicos un supuesto desmentido elaborado, como desveló ESdiario, en base a un informe técnico  antiplagio que supuestamente desmontaba la existencia de copia alguna.

Ni PP ni Cs ni Vox han dado a los casos de Sánchez y de Cruz la relevancia que merecen. Ni tampoco han emprendido las acciones de todo tipo exigibles

Es decir, se fabricó a sí mismo una justificación que nadie ha visto, lo hizo confiriéndole al autoridad de la propia Moncloa y sumó así al plagio una burda y escandalosa mentira a la que aún hoy se aferra para esquivar las consecuencias de tan nefando comportamiento. Que debieran ser la dimisión, tal y como el propio Sánchez dijo, como ejemplo de la pulcritud que él exigiría, en el debate parlamentario de la moción de censura que le hizo presidente.

¿Y la oposición?

El contraste entre el comportamiento del PP y el del PSOE con sus vergüenzas académicas es elocuente. Canoyra y Cifuentes están fuera. Sánchez y Cruz, el presidente del Senado con varios plagios demostrados a sus espaldas, siguen ostentando dos de las más altas responsabilidades de España. Y lo hacen con la misma cobertura mediática e institucional que convirtió los otros dos casos, con razón, en una cacería.

Los españoles deberían juzgar con su voto estos casos, pero la oposición actual también. Sorprendentemente, ni PP ni Ciudadanos ni Vox han dado a los casos de Sánchez y de Cruz la relevancia que merecen. Ni tampoco han emprendido las acciones de todo tipo que reclaman. ¿De qué tienen miedo? Solo así se explica su inepcia, voluntaria o inducida pero en todo caso impropia de su función de control.

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