La vigencia de ´Amores que matan´

Lo típico que vemos en los maltratadores del film es la excusa del que maltrata. Como norma general cada hombre les echa la culpa a todo menos a ellos mismos

Han pasado ya 20 años desde que se realizara este film sobre violencia de género con el gran actor Luis Tosar, y sin embargo, tras su visionado observas que las circunstancias de algunos maltratos ocasionales o habituales se repiten como si no hubiera pasado tanto tiempo.

En cuanto a la opinión de cada personaje centra en su papel de maltratadores que asisten a un programa de recuperación que dejan claro el origen, de dónde vienen esos comportamientos violentos en la vida sentimental o de pareja, porque son así:

La cultura antigua y desfasada.

La educación que han recibido.

Los valores y creencias que defienden.

La obcecación en cuanto a las ideas.

Sus obsesiones o manías.

Los celos verosímiles o inventados.

Posibles padecimientos desde niños o muy jóvenes.

La falta de oportunidades, el paro, desavenencias varias.

Se observan los impulsos súbitos e interiorizados.

Algunos arrepentidos y otros que no reconocen la culpa.

La falta de autoestima y la frustración.

Los problemas que viven no los gestionan con conciencia.

Reacciones de falta de control de la ira.

El consumo de drogas o el alcohol.

Control y dominación sobre la mujer.

 

¿La sociedad qué puede hacer ante este fenómeno y cómo lo afronta?

 

Sabemos que es una ficción, pero sin lugar a dudas nos indica el problema de la lacra de la violencia de género o doméstico, puede que sea uno de los mejores cortos sobre esta problemática por el modo en el que se siguió el guion.

Algo que me llamó la atención en su día es las campañas de sensibilización de propaganda televisiva (que parecen de latino américa) que emite en el corto (hablando un hombre sobre el tema) y que aquí en España se hace sobre todo “Los accidentes de tráfico”. Por lo tanto, en este aspecto estamos todavía algo parados.

 

Lo típico que vemos en los maltratadores del film es la excusa del que maltrata, (lo cual lo vemos nosotros en nuestras intervenciones cuando hablamos con ellos) y como norma general cada hombre les echa la culpa a todo menos a ellos mismos, significando que muchos de ellos no son conscientes de que tienen un problema social, cultural. Una ética y moral distinta a la tendencia actual de la sociedad. Muchos de ellos son personas normales y que tienen un cóctel de problemas generalizados, que se suma a los problemas de convivencia sentimental y que reaccionan movidos por una emotividad que no pueden controlar.

En España funciona un programa de recuperación del hombre en la sociedad llamado PRIA-MA que enumera en su programa este orden de actuación con maltratadores:

  1. Toma de conciencia y modificación de pensamientos, actitudes y creencias de tipo sexista, que justifican la desigualdad de género.
  2. Identificación de las distintas formas en las que se ejerce la violencia de género.
  3. Asunción de la responsabilidad, eliminando estrategias defensivas o justificadoras de los hechos violentos.
  4. Desarrollo de la empatía hacia las víctimas de los malos tratos.
  5. Especial énfasis en los hijos como víctimas directas de la violencia de género, reconociendo formas de abuso e instrumentalización.

Este tipo de programas se realizan cuando el supuesto agresor se conforma en el juicio con la suspensión de la pena (se revisan las circunstancias de que no sea reincidente, ni tenga antecedentes penales por estas causas) lo que conlleva a la obligación que impone el juez:

 

  1. La prohibición de aproximarse.
  2. Prohibición de residir.
  3. La participación en programas (que es a lo que nos referimos aquí). Si incumpliera la obligación podría revocarse la pena.
  4. Entre otras medidas…

Muchas son las opiniones con respecto a estos programas, aunque parece ser que la estadística indica que el porcentaje de personas que no reinciden es alto, por lo tanto satisfactoria. Hemos podido observar que se puede mejorar los programas según indican algunos expertos, pero como todo para ello se necesita subvenciones y un desarrollo estratégico (que por otra parte crea polémica) por el hecho de designar dinero a los agresores en vez de hacerlo a las víctimas.

De todos modos, la intervención de estos programas para recuperar a personas en la sociedad es necesaria si lo observamos desde la ciencia empírica de la criminología (precisamente para evitar y prevenir estos comportamientos en personas que todavía son recuperables).

El castigo de la prisión no recuperaría a una persona cuando saliera de ella el delito leve, tal vez acumularía más rencor, odio, y seguiría una vez fuera con problemas en cuanto a la gestión de la ira, de la impulsividad.  

La raíz del problema es esa conducta agresiva súbita que parte de una emoción que se desencadena en una persona en la relación afectiva por un cúmulo de circunstancias y pensamientos no acertados, por lo tanto requiere su debida atención, por ello, nos parece interesante lo que plasmó en el 2000 Iciar Bollain en cada toma.

Una forma inteligente de mostrar un problema de la sociedad que no hemos solucionado del todo todavía, pero en la que tenemos que tratar de abarcar cada camino para prevenir y mejorar en estos temas.

Más intervención de nuestros criminólogos en estudios para ver la posibilidad de recuperar a aquellos que tienen este tipo de problema.

*Grupo EmeDdona.  

 

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