20 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
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  • Pascual Tamburri

    Ruta Norte

    Pascual Tamburri nació en Pamplona y vive Navarra. Es licenciado en Filosofía y Letras, en Ciencias Políticas y en Derecho, doctor en Historia Medieval y profesor de Instituto. Ha investigado y publicado más de dos décadas y sigue creyendo que hay futuro para España y sus campos.

Populistas o mundialistas: París bien vale una casta

Triunfan haciendo política en la sociedad postmoderna. Van en direcciones opuestas, pero dicen lo mismo y a los mismos. Ha terminado el siglo XIX.

Triunfan haciendo política en la sociedad postmoderna. Van en direcciones opuestas, pero dicen lo mismo y a los mismos. Ha terminado el siglo XIX.

La globalización no trajo el fin de la Historia de Fukuyama, sino conflictos, miedo y pobreza que confluyen en la eterna historia del populismo. A un lado vence Le Pen, al otro Podemos.

Arnaud Imatz, prologuista también de esta provocativa novedad de José Díaz Nieva y José Luis Orella Martínez empezó su prólogo para el anterior libro de Fernando Vaquero con una pregunta que era a la vez un desafío: “¿Por qué la derecha popular y social está ausente de la escena política española, al contrario que en Francia, con un Front National muy fuerte y con tanto arraigo electoral?”. Y a esa respuesta, en sentido amplio, se han dedicado muchas respuestas. Ninguna de las cuales tiene sentido sin tener ideas claras sobre cuatro aspectos a menudo confusos en nuestra bibliografía: qué es el populismo, y qué es o podría vagamente ser una “derecha”; y más aún, qué es el Frente Nacional francés, y por último en qué contexto político real nos estamos desenvolviendo en este primer tercio del siglo XXI.

Quizá los libros que van apareciendo nos ayuden especialmente a contestar las dos últimas cuestiones. Al ver la historia, el trasfondo y la realidad de Marine Le Pen explicada para un lector español, José Díaz Nieva y José Luis Orella en De Le Pen a Le Pen. El Front National camino al Elíseo muestra cómo el populismo no es ni de izquierda ni de derecha, es un predador oportunista que busca apoyos, fuerza y poder… lo que no quiere decir que no tenga su “programa oculto” o sencillamente su visión del mundo, sus convicciones. Sorprende, sin duda, ver a la hija de Jean-Marie Le Pen decir muchas cosas que también dice Pablo Iglesias, y hacerlo con formas y a públicos que podrían ser los de cualquier dirigente de Podemos. ¿Convierte eso en leninista a Le Pen?

José Díaz Nieva y José Luis Orella Martínez, De Le Pen a Le Pen. El Front National camino al Elíseo. Prólogo de Arnaud Imatz. Schedas - Colección Universidad 3, Madrid, 2015. 220 p. 17,99 € Ebook 3,50 €

Muchas son las peculiaridades históricas de la derecha francesa, y falta aún la traducción de los dos ya añejos volúmenes publicados por Gallimard al respecto, dirigidos por Jean-François Sirinelli, y el clásico de René Rémond, aunque sólo hasta 1968. La derecha en Francia es múltiple, dispersa, peculiar, y a la vez ha sido a menudo innovadora y mayoritaria, además de referente para Europa entera. Lo que sucede con esta fase el Frente Nacional que ahora vemos explicada es que, consciente de la nueva sociedad, cultura y generación de la Europa del siglo XXI, ha decidido jugar en ellos y ganar en ellos.

Pero en lo que se refiere a populismo la innovación no la aporta sólo Francia en la teoría (sí en su práctica), porque la partida del segundo Pablo Iglesias ha puesto de moda el análisis gramsciano postmoderno de Ernesto Laclau (lo que Felipe González llama, incluyendo contenido y continente, leninismo 3.0): se trata de presentar su proyecto propio, ideológico y sin concesiones, como si fuese de interés general, de manera que ni sus adversarios más conscientes puedan rehuir los temas, la certezas y las formas que ellos imponen… y con ellos vencen. El populismo, que en casi toda Hispanoamérica y Europa meridional es de contenido comunista, en Francia es… nacional.

El mejor resumen de este contradictorio ‘¿Lepenismo en Podemos o Podemos en el Front National?’ nos lo ha ofrecido el mismo Fernando Vaquero. El continuo reclamo de Podemos, entre otras, a nuevas fórmulas de democracia directa y representativa, les ha generado la acusación de “populista”; término empleado a modo de insulto… Muchas cosas que en España identificamos con Podemos y con su populismo (sus discursos altaneros, sus propuestas de “empoderamiento” de determinados colectivos, sus ataques sentimentales a “la vieja casta” y a “los poderes mediático-financieros”, su persistencia en la denuncia de hipotecas abusivas, sus continuas invocaciones al hambre y la supuesta degradación de amplios sectores populares, su denuncia de la expatriación de muchos de los integrantes de la “generación mejor formada de la historia”, etc., etc) son cosas que en Francia hacen y usan los Le Pen, ya desde el padre. Acaso la naturaleza última de Podemos no sea populista, pero muchas de sus tácticas sí lo son. Como las de Marine Le Pen.

El populismo no es por tanto una ideología, sino una mentalidad que asigna al “pueblo” cualidades naturales de tipo ético opuestas a los vicios de los gobernantes. Se alza en momentos de crisis contra la política tradicional. Y ahora, en nuestros días y en concreto, “el populismo europeo es la corriente de opinión fundada en el arraigo que denuncia los excesos de la mundialización y del multiculturalismo. En opinión de Marco Tarchi, el populismo “denuncia incansablemente la mistificación del principio representativo, la expropiación de la voluntad ciudadana por parte de la casta de políticos profesionales, reivindica el derecho de los pueblos a conservar identidades y tradiciones forjadas a través de los siglos, exige un reforzamiento de los instrumentos de democracia directa […], se opone al poder excesivo de las finanzas, reclama mayor equidad social y lamenta tanto los excesos de intrusismo del Estado en la vida de los ciudadanos, empezando por la Hacienda, como la erosión progresiva de la soberanía de las naciones en beneficio de ese Moloch burocrático que tiene su sede en Bruselas”. Singulares coincidencias.

Lo que nos lleva a una interesante paradoja, bien entendida en el caso francés gracias a Orella y Díaz: tan populista es en aspecto y gestión Le Pen como Pablo Iglesias, y de hecho su alma será diferente pero sus medios, público y modos son parecidos… y el mismo es su enemigo, la ideología mundializada de la globalización capitalista.

Francis Fukuyama, Orden y decadencia de la política. Desde la revolución industrial a la globalización de la democracia. Traducción de Jorge Paredes. Deusto – Grupo Planeta, Barcelona, 2016. 1150 p. 32,95 € Ebook 14,99 €

Francis Fukuyama ha sido seguramente el politólogo más citado y denostado de finales del siglo XX. Anunció, al caer el Muro de Berlín, la victoria eterna de la democracia liberal y «el fin de la Historia». El Paraíso en la Tierra no llegó, pues ha habido guerras, migraciones, crisis, vaivenes… aunque sí tuvo razón en lo nuclear de su razonamiento, que era, y es, que ya no había alternativas presentables a los valores esenciales dela democracia liberal capitalista. A la que admitía que surgirían críticas, matices y variantes, pero negaba que nunca pudiese derrotar una alternativa en lo medular.

Francis Fukuyama se explica ahora a sí mismo, y Deusto nos lo trae en España, ya que es vendedor seguro de libros y además sus conclusiones tienen una importancia económica fundamental en este tiempo de zozobras. Hay totalitarismos religiosos, hay restos de los viejos enemigos, hay un populismo polifacético, pero Fukuyama cree que nada esencial está en riesgo. Reitera, modernizado, el viejo discurso calvinista dando una explicación histórica y religiosa de la riqueza y de su identificación con el éxito de las sociedades, y ve que pese a nostalgias pasajeras las comunidades se eclipsan y asistimos al triunfo global del individualismo materialista. Para él, la globalización capitalista, ya no sólo occidental, sólo podría ser derrotada por sus propios errores o rendiciones, y la mejor prueba de su victoria serí cómo sus enemigos transijen en sus valores antes o después.

Lo curioso es que la democracia global capitalista se enfrenta, en este 2016, a enemigos muy variados, pero muchos de ellos, leninistas como Podemos, religiosos como muchos grupos islamistas o nacionales como esta Marine le Pen que tanto miedo da, coinciden en sus formas.

 

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