15 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El hijo del terrorista: qué era el FRAP, qué hacía y quién es Pablo Iglesias

La autora explica los orígenes terroristas del grupo al que pertenecía el padre de Pablo Iglesias y cómo aquellas "ideas" siguen marcado al líder de Podemos y vicepresidente.

 

 

El Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico (FRAP), de ideología comunista sección marxista-leninista, optó, influido por el pernicioso Mayo del 68 francés, por la lucha armada. Era la época de la eclosión de numerosos grupos terroristas en toda Europa, financiados por la URSS en el marco de la Guerra Fría. De ETA a los GRAPO, pasando por las Baader Meinhof, el IRA o las Brigadas Rojas. Todos ellos nacieron en esos momentos.

Fundado en París en 1973, el líder más carismático del FRAP fue Julio Álvarez del Vayo, presidente del mismo hasta su muerte en Ginebra en el año 1975. De joven se afilió al PSOE, pero se opuso a colaborar con la dictadura de Primo de Rivera.

De él Largo Caballero, quien no lo soportaba aunque lo llegaría a nombrar Comisario General de Guerra, había dicho que “se titulaba socialista”, pero estaba “incondicionalmente al servicio del Partido Comunista”.

En sus memorias lo acusa de ser un espía de la URSS. Estando en el gobierno, Álvarez del Vayo intentó eliminar el derecho de asilo político por parte de las embajadas extranjeras, con el fin de liquidar a los allí refugiados. Volvió a ser nombrado bajo los gobiernos de Juan Negrín.

Autor de ‘La nueva Rusia’ y ‘Rusia a los doce años’, Álvarez del Vayo se dedicaba al blanqueo del régimen criminal estalinista, aunque posteriormente se adscribiera a la corriente maoísta, lo que lo acercaría posteriormente al PCE (m-l).  Fue compañero de Santiago Carrillo en la creación en 1936 de las Juventudes Socialistas Unificadas, resultado de la fusión de las JJSS del PSOE y las del Partido Comunista de España (PCE).

 

Al término de la guerra, se exilió en Estados Unidos y México y acabó siendo expulsado del PSOE por radical. Allí, en el exilio, fundó la Unión Socialista Española, que derivó en el Frente Español de Liberación Nacional (FELN). 

Y es de la alianza entre ese Frente de Liberación Nacional y el PCE (m-l) del que surgiría la organización terrorista FRAP. Asesinaron a policías, guardias civiles e incluso a algunos de los suyos, unas purgas que hoy la izquierda trata de ocultar como sea. A su lado más conocido y no violento pertenecían personajes como Alfonso Sastre o Patxi Andión.

 

 

Pero tenía su lado oscuro terrorista. Álvarez del Vayo murió defendiendo el terrorismo. El PSOE lo readmitió en su seno a título póstumo en el 37º Congreso Federal celebrado en julio de 2008, con Rodríguez Zapatero al mando.

Cuando el PSOE comenzó la involución que nos ha llevado hasta el gobierno social comunista actual. De ahí que no sea casual que para lograr la vuelta de Pedro Sánchez a la Secretaría General del PSOE, miembros de Podemos se afiliaran al partido. La podemización del PSOE siempre ha sido por acuerdo entre Sánchez e Iglesias.

Los objetivos del FRAP no eran solo derrocar al dictador Franco, sino establecer una República Federal Popular en España. O sea, una granja comunista al servicio de la URSS. Planteaban, por supuesto, nacionalizar empresas y expropiar a “los ricos”, así como la disolución de las Fuerzas Armadas, que serían sustituidas por un ejército popular.

En el fondo, Pablo Iglesias Turrión es claro heredero ideológico de su polémico progenitor, quien fuera militante del FRAP. Hay quien justifica hoy dicha pertenencia porque eran antifranquistas. En el fondo, es la misma justificación que durante décadas la izquierda española encontraba para ETA: malos chicos, sí, pero al fin y al cabo antifranquistas como ellos.

Con ideas totalitarias

Marxista-leninista como su padre, Pablo Iglesias es un personaje reaccionario, más propio de los años setenta que de un gobierno de la España del siglo XXI. La propuesta de “nacionalizar la planta de Nissan” no es casual.

Todo Podemos, y su escisión Más País, han traído a nuestro país las ideas totalitarias del siglo XX. Las mismas ideas que exportaron a Hispanoamérica de la mano de Fidel Castro, Hugo Chávez y Lula da Silva. Algo a lo que no es ajeno tampoco el PSOE de Pedro Sánchez, heredero de la locura emprendida por Rodríguez Zapatero, hoy defensor de Nicolás Maduro. Todo cuadra.

No es casual que Bildu, herederos políticos de ETA, haya saltado en defensa del padre de Pablo Iglesias, como tampoco lo es la campaña desatada contra Cayetana Álvarez de Toledo por recordarle a Iglesias Turrión su origen familiar. Como no lo es que la izquierda salte en defensa nostálgica de la banda terrorista FRAP.

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