22 de enero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro Sánchez baja los humos a Pablo Iglesias pero se condena a la oposición

El viejo PSOE, el de los 137 años de historia, ha aguantado contra todo pronóstico la acometida de Unidos Podemos, que con apenas dos años y medio de vida se creyó el cuento de la lechera.

Y Pedro Sánchez volvió a caer de pie. Como un gato. Quién sabe si la de este 26 de junio era la penúltima o la última vida que le quedaba al líder del PSOE, pero lo cierto es que en pocas horas pasó de estar desahuciado a convertirse en el nombre propio de la jornada. 

El réquiem que Pablo Iglesias había compuesto para enterrar políticamente a Sánchez esta misma noche electoral no sonó en la madrileña sede de Ferraz, donde los propios socialistas fueron los primeros sorprendidos por un resultado que hizo añicos el tan traído y llevado sorpasso; aunque la letra pequeña les recuerde que han perdido cinco escaños respecto al 20 de diciembre y que se han quedado 52 por detrás del PP, todo un abismo.

No le ha pasado factura ni el controvertido pacto con Ciudadanos -que sí le ha pesado a Albert Rivera- ni el intento de populares y podemitas de polarizar la campaña y dejar a Sánchez en tierra de nadie. 

El viejo PSOE, el de los 137 años de historia, ha aguantado contra todo pronóstico la acometida de Unidos Podemos, que con apenas dos años y medio de vida se creyó el cuento de la lechera que Iglesias e Íñigo Errejón escribieron ayudados por los sondeos. Ése en el que se convertían en la fuerza hegemónica de la izquierda tras multiplicar -ni siquiera sumar- los resultados obtenidos por separado por Podemos, sus confluencias e IU en diciembre.

Con sus 85 escaños, Sánchez se asegura a medio plazo su continuidad al frente del partido, máxime después de ver cómo su gran rival, Susana Díaz, sucumbía en Andalucía, donde el PP fue el partido más votado. Y se asegura también un papel protagonista en el escenario postelectoral que se abre a partir de este lunes. El PSOE se había resignado a encontrarse con un Pablo Iglesias que, crecido por el resultado, le exigiera al día siguiente a Sánchez su adhesión incondicional -rendición más bien- para evitar un nuevo gobierno de Mariano Rajoy. De ahí la alegría de los socialistas. 

No obstante el líder socialista tiene ante sí un panorama muy complicado. Aunque haya logrado mantenerse como primera fuerza de la izquierda, Sánchez no puede protagonizar una segunda investidura fallida en el supuesto de que el líder del PP, si no tiene los apoyos suficientes, rechace nuevamente el ofrecimiento del Rey (como así lo ha adelantado Rajoy). Y es de prever que Iglesias no le regale precisamente sus escaños. 

Así que Sánchez se va a encontrar con una enorme presión, empezando por algunos de los popes de su partido, para que deje gobernar a Rajoy -que ha ganado dos veces las elecciones, conviene recordarlo- y se conforme de momento con ser el líder de la oposición. Uno que evitó que los españoles se vieran abocados a la ruina de unas terceras elecciones generales y acabó con la parálisis del país. No es mala tarjeta de presentación para alguien que presume de ser un hombre de Estado al que le duele España.

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