21 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez planea costear la mejor campaña electoral del PSOE con los Presupuestos

Sánchez reunido con empresarios españoles afincados en Chile.

Sánchez reunido con empresarios españoles afincados en Chile.

El presidente pretende presentar las cuentas públicas de 2019 en noviembre y tenerlas aprobadas en febrero, en plena precampaña de las elecciones municipales, autonómicas y europeas.

Para haber llegado de forma casi accidental a La Moncloa, Pedro Sánchez tiene muy clara su hoja de ruta para intentar seguir en el poder.

De momento su prioridad pasa por dar el do de pecho en las elecciones municipales y autonómicas de 2019 -las europeas no le preocupan tanto-, y para ello nada como un maná millonario que caiga sobre comunidades y ciudades de toda España.

En sus conversaciones con los periodistas que cubren su viaje a Latinoamérica, el presidente y su equipo han desvelado que su previsión -bastante optimista- pasa por presentar los Presupuestos Generales en noviembre. 

El socialista persigue con ello que estén aprobados en febrero, en plena precampaña de los comicios que se celebrarán a finales de mayo y en los que el PSOE se juega la continuidad en la Comunidad Valenciana, Baleares, Extremadura, Aragón y Asturias. También en Andalucía, donde las elecciones podrían adelantarse al otoño de este año. 

Y se juega también conquistar otras, especialmente la Comunidad de Madrid, el objetivo prioritario de Sánchez.

Pero para que sus deseos de Sánchez se materialicen con la endeble base de 84 diputados, aún debe sacar adelante el techo de gasto que la oposición tumbó antes de las vacaciones. 

En La Moncloa están convencidos de que, a la segunda, lograrán los apoyos que necesitan en el Congreso, gracias a Unidos Podemos y los nacionalistas y/o independentistas. Con ellos están negociando los socialistas desde hace semanas. 

El problema está en que el PP tiene capacidad de vetar ese techo de gasto de forma irreversible en el Senado, donde posee mayoría absoluta. Y piensa hacerlo, salvo que Sánchez lo impida, que es precisamente lo que pretende hacer arrebatando al PP su potestad de veto mediante la reforma de la Ley de Estabilidad Presupuestaria.

 

Ahora bien, la cuestión es si esa reforma, por su tramitación parlamentaria (en principio como proyecto de ley) y porque el PP y Cs tienen mayoría en la Mesa del Congreso, llega a tiempo. En caso de no hacerlo, el plan B del presidente pasa por utilizar para los Presupuestos de 2019 el techo de gasto que consignó Mariano Rajoy.,

¿La pega? que en ese caso dispondría de 6.000 millones de euros menos para regar España, 2.400 de ellos destinados a las comunidades autónomas. Obviamente tratándose de unas cuentas públicas con un marcado interés electoral, a Sánchez le interesa ser lo más generoso posible. 

De momento el presidente socialista ya está haciendo pedagogía hasta en Chile, desde donde el lunes señaló: "No tiene sentido dentro del reparto de poderes que en una ley prevalezca el veto del Senado sobre el del Congreso. Es una anomalía que tenemos que cambiar". 

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