03 de abril de 2020 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pilar Eyre destapa lo que pasa en Zarzuela: la crisis pasa factura a los Reyes

Las crisis que afectan a España han pasado factura a los Reyes.

Las crisis que afectan a España han pasado factura a los Reyes.

La periodista especializada en Casa Real ha querido compartir con sus lectores todo lo que se está cociendo dentro de los muros de palacio entre Don Felipe y Doña Letizia. No es oro todo.

Esta semana la periodista especializada en Casa Real Pilar Eyre aprovecha su blog en Lecturas para dejar claro que a los Reyes también les está pasando factura todas las crisis que están afectando a la corona, ya no solo la del coronavirus, sino también la terminó con Don Felipe "repudiando" a su padre, Don Juan Carlos

Según Eyre, la semana en la que tembló a Monarquía también lo hizo el matrimonio de Felipe y Letizia.

En su versión de los hechos, el 11 de marzo, "recluida en su habitación del primer piso del Pabellón del Príncipe, recorriéndola arriba y abajo como gato enjaulado, la Reina hablaba con sus múltiples amistades, miraba las webs, leía las redes sociales (donde figura con varios nombres supuestos y nunca participa), sin dejar de llamar a su abuela Menchu, grupo de riesgo al contar con 92 años, sus padres y su hermana".

Y es que "los cuatro besos afectuosos que intercambió el día 6 de marzo con la ministra Irene Montero, infectada por el virus, habían obligado a hacerse un test, no solo a ella, a su marido y a sus hijas, sino al personal de Zarzuela al completo".

Aunque todos salieron negativos "el doctor Manuel Martínez Pérez obligó a Letizia a confinarse, a llevar mascarilla y guantes, comer con una bandeja y recibir solo la visita rutinaria de una enfermera. Letizia había tenido contacto directo con una enferma y debía mantenerse recluida hasta el día 26".

Sin embargo, lo que peor llevaba "era no ver a sus hijas, sin colegio ya. Y, sobre todo, no estar con su marido, el Rey, en su 23-F. Tantas veces se ha dicho que lo que le faltaba a Felipe para afianzarse en el trono era pasar también por un 23-F, como su padre, ¿y no iba a estar la reina a su lado para aconsejarle? ". 

Aunque hablaba por Skype con todos ellos y la Reina "trasmitía a Felipe el clamor popular: que si la gente está asustada y quiere ver a su Rey, que si tu fortaleza es el amor de tu pueblo, que si Felipe tienes que salir a decir algo y estar al lado de la gente, que si  los reyes de Suecia, Dinamarca, Bélgica, Japón, Holanda están dando muestras de solidaridad con su pueblo...

El Rey, aclara la periodista, "también lo veía, sí, sí, pero necesitaba la conformidad del Gobierno. No hacía falta recordarle a su mujer que esta es una monarquía parlamentaria: “Qué más quisiera yo”, se lamentaba". 

Y por si fuera poco, el espinoso asunto de su padre. La Reina Letizia apremiaba a su marido para que se desmarcara públicamente y demostrara que él es una persona honrada: "¡Con todo lo que hemos luchado para limpiar la institución y, ahora, esto!".

Aunque en la versión de la periodista Don Felipe lo sabía, tampoco podía parar de repetirse que era su padre y que eso lo mataría mientras Doña Letizia le insistía en que pensara en su propia hija y en que no llegaría a Reina: "¡Tantos reproches y humillaciones ha recibido a lo largo de estos 16 años de matrimonio por ser nieta de un taxista, por haber sido una chica trabajadora, por no llevar genes aristocráticos en su ADN!" y se creció con un "¡El comportamiento de mi familia ha sido siempre ejemplar, como muy bien sabes!".

En resumen que "separados por el confinamiento, sin esos tiempos íntimos que tienen todas las parejas y sirven para restañar heridas, Felipe y Letizia solo hablaban para discutir. Aunque ambos querían lo mismo, parecían enemigos acérrimos. El dilema en que estaba don Felipe –su corazón le decía una cosa, su cabeza otra– no pasaba desapercibido para su padre". 

Tal como narra Eyre, "Don Juan Carlos estaba tan triste y abatido que abandonó sus ejercicios fisioterapéuticos, tan necesarios para su recuperación, se limitaba a estar sentado, solo, intercambiando wasaps con los escasos amigos que le quedan" y el sábado 14, "cuando The Telegraph sacó más informaciones sobre el dinero opaco que tenía en dos fundaciones offshore en Suiza y contó que el beneficiario de dichas cuentas era su hijo, llamó a Felipe y le dijo: “Haz un comunicado y échame toda la culpa a mí”. Y añadió: “Lo hago por la princesa de Asturias”. No dijo mi nieta, no dijo Leonor". 

Así que "emocionado, Felipe, dándose cuenta de que era necesario, doloroso, pero necesario, asintió, aliviado. Llamó a Letizia, que esperaba ansiosa en su habitación" y ella sabiendo lo duro que era esto para su marido, tragó saliva, pero no dijo nada.

Aunque le hubiera gustado estar al lado de su marido en esos momentos, se tuvo que limitar a enviarle un beso a través de Skype.

En cuanto al discurso sobre la pandemia, Letizia conoció el contenido antes de que el Rey lo grabara, y no pudo, "como ha hecho otras veces, aconsejarle algún gesto, suprimir alguna palabra, como experta en comunicación que es, y se notó, pues pocas veces se ha visto a Don Felipe tan rígido y poco natural como en esa alocución".

No obstante, cuando acabó "la Reina, que lo vio en televisión, lo mismo que el resto de los españoles, le llamó y le dijo: “Has estado muy bien”. Me dicen que, en ese momento, Don Felipe, sobrepasado por las emociones que había vivido en esa semana espantosa, hincó los codos en las rodillas, hundió la cabeza en las manos y se echó a llorar". 

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