Es la hora del valencianismo

La autora explica en este artículo que "es la hora de dejar de creer en que somos ´meninfots´, pues no es eso lo que nos define a los valencianos"

Los valencianos estamos despertando, estamos recuperando nuestro espíritu de superación y afrontamos unidos el futuro, después de décadas de meninfotismo, condescendencia, y pasotismo frente a los constantes desprecios tanto de dentro como de fuera de nuestra tierra. Un desprecio continuo, planificado y meditado para adormecer al subconsciente colectivo, para frenar cualquier movimiento que pueda canalizar nuestro sentimiento valenciano y recuperar nuestro amor propio.

Los valencianos somos un pueblo que ha luchado desde tiempo inmemorables por defender lo que considera suyo. Recordemos la gesta heroica de Francesc de Vinatea para defender la unidad territorial del Reino de Valencia frente a las pretensiones de Leonor de Castilla de desmembrarlo. Y cómo no, hacer mención a Blasco Ibáñez a principios del siglo XX de la voracidad catalana para acaparar todas las prebendas del Estado en detrimento de los valencianos.

Todos tenemos necesidad de pertenencia a un grupo. En su desarrollo teórico, A. Maslow (1943) la situó en su famosa pirámide de necesidades humanas en el tercer nivel, una vez cubiertas las básicas y de seguridad. Nos unimos en grupos por cuestiones comunes que nos identifican, por luchas comunes, por deseos comunes, por necesidades comunes… y formamos pequeños grupos que suelen ir uniéndose en un afán de cooperación, lealtad, productividad, consecución de objetivos. Es en este punto donde se encuentra el valencianismo. Y es ahí donde tres partidos con personas conocidas y de renombre en el valencianismo se han unido.

A día de hoy, es manifiesta la decepción con las políticas del Tripartit y l’Acort del Botànic, en la Generalitat Valenciana, y la deriva del pacte de la Nau en el Cap i Casal. Y sobran los motivos para ello: abultadas subvenciones a entidades catalanistas, desprecios y ninguneos a entidades en defensa del valencianismo, poca inversión en la imagen de la ciudad, ninguna condena a la propaganda de grupos que buscan la ruptura social, dificultar la continuidad de los pequeños negocios, en especial los del centro histórico, no mejorar la comunicación entre barrios ni facilitar el aparcamiento, dejadez de barrios históricos, suciedad, caos circulatorio, trabas administrativas a las terrazas, subida del IBI…

Todo lo cual transmite una imagen de dejadez general, un sinfín de atropellos que justifican que aquellas personas que creyeron en unas reivindicaciones más que propagandísticas, se pongan de frente por sentirse engañados una vez más.

Es la hora del valencianismo. Es la hora de dejar de creer en que somos “meninfots” pues no es eso lo que nos define a los valencianos. Es la hora construir, crecer, hacer escuchar nuestra voz y hacer propuestas creíbles, factibles y que soluciones problemas reales. Es la hora de exigir, pero de verdad, lo que nos corresponde como pueblo, de dejar de ir a la cola en financiación.

Es la hora de que los estudiantes, escuchen la realidad, que tengan acceso a la verdad histórica del Reino de Valencia. De atajar el incipiente adoctrinamiento catalanista que sigue desarrollándose en nuestras escuelas, y que, los jóvenes, se sientan orgullosos de lo que nuestros antepasados construyeron como pueblo, de lo que fue Valencia en una época en la que los más eruditos de distintas profesiones tanto de ciencias como de letras, convivían en nuestra ciudad.

Esa es la Valencia que no se enseña en los colegios y de la que este sentimiento valencianista tiene que partir, pues pocos jóvenes conocen otra cosa que no sea la subordinación de nuestra tierra a intereses políticos y económicos.

Intereses que se empeñan en difundir una Valencia cuyo rico pasado cultural no le pertenece, y que además es salvada de la corrupción por quienes pretenden subordinarla. Los mismos “salvadores” son los que más nos intentan vender.

Más Madrid o más Cataluña no aportará beneficio alguno a los valencianos.

No es sino ahora el momento en el que hay que confiar en el valencianismo, creyendo que la única realidad es que las cosas solo pueden cambiar desde dentro. Es la hora de hacer ver el valencianismo que propone, que construye. Un valencianismo joven acompañado de aquellos veteranos que nos guían y que ya saben cuál es el camino a seguir y cómo no caer en los errores pasados.

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