21 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La sorpresa del domingo va a ser morrocotuda

A punto de terminar una campaña en perpetuo 'prime time' político y mediático, seguimos sabiendo muy poco sobre qué quiere hacer cada uno de los candidatos con España y su futuro.




“Baja el volumen, que estos aburren a un muerto”, escucho decir recién entrado, de buena mañana, en una cafetería de esas que son un hervidero de la “España que madruga” y que redifundía en sus pantallas de televisión una de las citas “decisivas” de esta campaña. “Estos”, claro, son Pedro Sánchez, Pablo Casado, Albert Rivera y Pablo Iglesias.

Para qué negarlo, existe cierta sensación de hartazgo a pie de calle con unos líderes políticos que en realidad se han convertido en una preocupación creciente para los españoles. Seguramente, también por lo que “incomodan” y “molestan” tratando de ganarse un hueco en los salones de cada casa, demasiadas veces a base solo de “ocurrencias” carne de cañón para memes.

El último ejemplo, la enésima contradicción entre lo dicho y lo hecho. Se les llena la boca a PSOE, PP, Cs y Podemos reivindicando la conciliación de la vida laboral y familiar, y horarios televisivos menos tardíos para que la gente trabajadora pueda irse antes a la cama. Lo llevan en sus programas electorales. Y luego pactan dos debates “decisivos” pretendiendo mantener en pie hasta la medianoche a esos millones de ciudadanos que al día siguiente tienen que acudir al tajo. Y todo, para acostarse con la misma sensación de preocupación e incertidumbre con la que empezaron a ver el debate electoral.

Dicen que hay todavía casi un 40% de indecisos. No sé si a muchos de ellos los dos debates les habrán sacado de dudas. Pero lo que sí continúo observando es demasiada gente decepcionada, más que entusiasmada

Nuestros candidatos se han vuelto aficionados a meterse en nuestros hogares: unos días hasta la cocina, otros días hasta la habitación más recóndita... Y, cosas de la “política televisada”, lo sabemos todo sobre ellos: lo que comen, lo que leen, de qué última serie de moda son fans, qué deporte practican… Sin embargo, a punto de terminar una campaña electoral en un eterno prime time político y mediático, seguimos sabiendo muy poco sobre qué diablos quiere hacer cada uno de ellos con España, con quién va a pactar o con qué recetas piensa resolver los grandes retos de futuro de nuestros hijos y nietos. Eso sí, hemos descubierto cuatro líderes broncos, mal educados, que se insultan, ofenden e interrumpen continuamente cuando de lo que se trata es de debatir en un plató.

Mientras, esa “España que madruga” sufre a sus representantes políticos y deshoja la margarita del 28-A. Dicen que hay todavía casi un 40% de indecisos que tienen la llave que abrirá la puerta de las elecciones. No sé si a muchos de ellos los dos debates televisados les habrán sacado de dudas. Supongo que de todo habrá. Pero lo que sí continúo observando es demasiada gente decepcionada, más que entusiasmada.

No creo que tantos decepcionados se correspondan exactamente con todos los que han echado muy en falta en televisión, por la gracia de la Junta Electoral Central, las propuestas de Santiago Abascal y Vox. Porque, si así fuera... entonces la sorpresa del próximo domingo no va a ser importante, sino morrocotuda.

 

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