01 de junio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Felipe VI: el objetivo de los amigos de Sánchez que mientras exigen unidad

El Rey Felipe VI

El Rey Felipe VI

El Rey se ha convertido en la sorprendente diana de Podemos y el separatismo en plena emergencia sanitaria. Un desafío que puede arrastrar a Sánchez y al PSOE a la quema.

 

 

“Pedro Sánchez está abocado a gobernar un estado de alarma permanente”: la frase pertenece a un veterano ex ministro del PSOE. Es la lógica de hacer camino al andar con un socio, Unidas Podemos, y unos “costaleros”, ERC, enemigos declarados de la Constitución y obsesionados contra el Rey.

En su momento más delicado y con una crisis de magnitud inimaginable entre las manos, Sánchez tropieza con demasiadas zancadillas que le ponen sus coaligados y apoyos. Por eso se le amontonan las caras amargas en la cuota socialista del Gobierno. “Cada día se hace más evidente que el presidente está perdiendo el control de la coalición”, señala un monclovita.

Quienes mantienen a Sánchez en su sillón son, ante todo, activistas. De ninguna manera pueden ser considerados servidores públicos. Viven sin poner los pies en la tierra. Lo suyo son las soflamas y los lemas prefabricados. Por un lado, repiten hasta la saciedad lo que los guionistas de guardia del Gobierno les recomiendan desde canales oficiales por la necesidad de aparcar las críticas por la gestión de la pandemia: toca “unidad”, “ir de la mano”, “responsabilidad”...

Ahora bien, si de lo que se trata es de censurar al jefe del Estado, hay vía libre, siempre en virtud del comodín de la libertad de expresión. Con caceroladas incluidas cuando la gente está confinada en sus casas y acongojada. Así entienden la coherencia. Para Podemos y ERC, la destrucción del “régimen” del 78 parece estar por encima de todo, virus incluido.

 

De hecho, en su primera comparecencia desde la sala de prensa de La Moncloa, el propio Pablo Iglesias alentó los ataques contra Felipe VI. “Este Gobierno va a defender la libertad de expresión. Como responsable político de UP mi posición es conocida, pero aquí estoy compareciendo como miembro del Gobierno de España”, afirmó.

A rostro descubierto, los morados actuaron desde las redes sociales, seguidos por IU, por Gabriel Rufián con su frase hecha de "a las ocho salgamos a aplaudir a quienes nos dan, y, a las nueve, a protestar contra quienes nos quitan", y por el menguante líder de Más País, Iñigo Errejón: todos, en guerra contra la Corona.

El Gobierno sopesa prolongar el estado de alarma durante un mes más. No tenían claro si hacerlo de golpe o de quince días en quince días. Se ha optado por lo último. En cualquier caso, el actual plan pasa por alargarlo hasta la tercera semana de abril.

 

 

Sánchez querría señalar esa fecha del calendario como límite (¡ojalá!), temeroso como anda su entorno de que acabe tocado y hundido para los restos. Sin embargo, todo ello parece reñido con las prioridades de sus aliados. Parecería como si las huestes de Podemos quisieran aprovechar el río revuelto de la emergencia sanitaria para imponer sus obsesiones ideológicas.

De hecho, ya hay voces que avisan de que aprovechando la confusión y el miedo por el que transitan los españoles, Iglesias y los suyos desean encarrilar cambios en el sistema político que en situación de normalidad jamás se les permitirían.  

“Nosotros tenemos sentido de Estado”, contestan abiertamente en el PSOE cuando se les pregunta por la actitud de sus coaligados. Pero están bien dispuestos a cabalgar la contradicción de convivir en el Consejo de Ministros con quienes van a por todas contra la Jefatura del Estado.

Una lucha  contra el Rey que la cúpula morada ha atizado, sobre todo, por temor a ser percibidos por sus votantes como unos traidores ahora que pisan moqueta. De ahí que pretendan conservar “esencias fundacionales”, aunque ello les cueste chocar una y otra vez con la facción socialista del Consejo de Ministros.

 

Por Podemos, desde luego, no va a quedar. Van a jugar esa partida hasta el final. Tampoco por el lado de ERC, que ahora se mueve principalmente por el miedo al sambenito de “botiflers” que les cuelgan los de Carles Puigdemont en Cataluña. Como se ve, la táctica corta y el partidismo son los ejes principales que mueven a los aliados de Sánchez.

La quema

Ese “nuestro mundo va a cambiar tras esta crisis” que proclamó el presidente del Gobierno esta misma semana, en una insólita sesión plenaria del Congreso de los Diputados, evidenció la actual ausencia de certezas. Todo es susceptible de reescribirse. Incluso las alianzas políticas.

Y es que, una vez pase la pandemia, la recesión resultará arrolladora y exigirá una suerte de concentración nacional para la reconstrucción. Naturalmente, muchos socialistas vuelven la vista ya al Partido Popular.

Aunque Pedro Sánchez querría seguir atado a Podemos y a los secesionistas catalanes, la reacción de un país precipitado hasta sus límites va a ponerle muy difícil continuar enredado en problemas fingidos, como los ataques a Felipe VI. O rompe, o Sánchez -lo  sabe bien su entorno- no va escapar vivo de la quema. Si no está quemado ya. 

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