15 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El hombre que mueve los hilos detrás de Marlaska y desquicia a la Guardia Civil

Rafael Pérez, el día de su toma de posesión como número dos de Interior ante la atenta mirada de Marlaska.

Rafael Pérez, el día de su toma de posesión como número dos de Interior ante la atenta mirada de Marlaska.

Entre el omnipresente ministro y la desaparecida María Gámez, en la cúpula del Instituto Armado todos apuntan a Rafael Pérez, un recién llegado a la política. El "ejecutor".

Este miércoles, tras varias horas protagonizando el debate en el Congreso, un acorralado y visiblemente airado ministro del Interior, acabó endosando el cese del coronel Diego Pérez de los Cobos a su número dos, el desconocido secretario de Estado de Seguridad, Rafael Pérez. A este joven letrado, amigo de confianza de Marlaska, varias fuentes de la Guardia Civil consultadas por ESdiario atribuyen la purga general desatada en la cúpula del Instituto Armado.

Son las mismas fuentes que recuerdan la extrañeza con la que muchos acogieron la brutal limpieza que Marlaska hizo en enero en su equipo más estrecho, cuando este apenas llevaba un año en sus funciones. Y por que, además, en la Policía y en la Guardia Civil había "plena satisfacción" con la labor desempeñada por la hasta entonces secretaria de Estado, Ana Botella. "Se lo sabía", reconocen estas fuentes. Pero Marlaska despidió a Botella y junto a ella también purgó al director de la Guardia Civil, Félix Azón.

Aunque el ministro definió la purga política en su departamento como una reconfiguración de su equipo, son muchos los que atribuyen el despido de Botella y Azón al enfado de Marlaska, por que nunca ha sido capaz de "doblegar" a la cúpula de la Guardia Civil.

Se cuenta en Interior los decibelios de las broncas del ministro en dos ocasiones: cuando se enteró por la prensa del aplaudido discurso del jefe de la Benemérita en Cataluña, Pedro Garrido, en octubre del pasado año. Garrido habló claro contra los independentistas por sus ilegalidades y lo hizo delante de la cúpula de los Mossos.

 

Igual bramó Marlaska cuando la Guardia Civil informó de la detención de varios comandos de CDRs con material explosivo. En ambos casos, la ejemplar actuación del Cuerpo distorsionó los tejemanejes del Gobierno de Sánchez con Esquerra y Junts.

Y es en este momento, cuando Marlaska se ve incapaz de someter a la Guardia Civil a los intereses partidistas de La Moncloa, cuando entra en escena Rafael Pérez Ruiz. El hombre al que todos miran ahora con recelo en la Benemérita.

 

 

Rafael Pérez, siempre en la sombra, está ejecutando el plan de Marlaska que su antecesora se negó a imponer a la Guardia Civil.

 

Y es que Marlaska despidió a Ana Botella y ascendió a un hombre de su entera confianza. Tan fiel como desconocedor del delicado funcionamiento del aparato de la Seguridad del Estado y de la particular ideosincrasia de la centenaria Guardia Civil.

Nacido en 1981, los méritos de Pérez para el cargo son haber sido magistrado letrado del Consejo General del Poder Judicial y haber acompañado a Marlaska en su aterrizaje en la política como su jefe de gabinete. Tampoco, dada su juventud, es que el currículum judicial del número dos de Interior sea muy extenso: ha estado destinado en los juzgados de Almadén (Ciudad Real), Montoro (Córdoba) o el Juzgado de lo Penal Número 1 de Córdoba.

 

 

Lo cierto es que las fuentes consultadas por este diario otorgan a Rafael Pérez Ruiz el protagonismo entre bambalinas del terremoto provocado por el cese de Pérez de los Cobos. Él es el destinatario de la nota reservada en la que María Gámez reconocía las verdaderas razones del despido del coronel. En estas últimas 24 horas, Marlaska le ha endosado por primera vez la toma de la controvertida decisión.

Si como parece De los Cobos recurre su cese, no es descartable que la juez Carmen Rodríguez Medel -como advirtió por carta a Interior- quiera indagar en la intrusión política en su investigación. Y entonces se da por hecho que llamará a declarar tanto al secretario de Estado como a la directora general de la Guardia Civil. Tal vez en este momento, Rafael Pérez tenga que salir de una vez de las tinieblas.

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