Una campaña electoral con muchas incógnitas

Sánchez parece que ha aprendido algo de los errores de hace dos años en materia de información al exterior y de control de las fuerzas de seguridad catalanas

A un mes vista del 10 de noviembre, nos encontramos con la cita electoral más abierta de la reciente historia democrática española. Tres nuevas variables entran en la ecuación que llevará finalmente a un partido a la Moncloa, aunque la duda es si podrá mantenerse. Nadie aspira a la mayoría absoluta, ni siquiera a una mayoría suficiente para realizar pactos sencillos que garanticen una legislatura estable.

 La primera variable es Franco. Aunque su recuerdo y memoria lleva presente en las campañas electorales españolas, por razones bastante obvias, desde la transición, su figura nunca ha estado tan presente como desde que el Partido Socialista ha sido incapaz de llevar adelante un gobierno estable. Conseguir apuntarse el tanto de sacar sus restos del Valle de los Caídos se ha convertido en una obsesión personal de Pedro Sánchez, pero como estrategia electoralista y cortina de humo.

El surgimiento de un nuevo partido a la derecha de Unidas Podemos, Más País, emergido de los restos purgados por Pablo Iglesias y que rápidamente ha ampliado sus filas con diferentes partidos que hasta hace apenas un mes iban en coalición con UP, como Equo y Compromís, ha desbaratado completamente las expectativas de Iglesias, que ya de por sí no debían ser muy positivas.

El abandono de los antiguos socios del gurú de la coleta, paladín de los oprimidos y señor de Galapagar, resulta muy revelador sobre el desgaste que ha sufrido su figura, tanto por contradicciones internas, como por haber reducido progresivamente su techo electoral. Poco más que Izquierda Unida se ha mantenido fiel a la alianza con Podemos, posiblemente porque comparten techo electoral y no aspiran a más.

La tercera variable es la sentencia del Procés, o, más concretamente, las consecuencias que se derivarán de ellas. Descartado ya por el Supremo el de rebelión consumada, las penas serán diversas segñun grados de participación. En todo caso, es previsible que se producan disturbios y una nueva campaña de victimización internacional por parte de los independentistas.

Sánchez parece que ha aprendido algo de los errores de hace dos años en materia de información al exterior y de control de las fuerzas de seguridad catalanas. Ahora, es poco probable que los Mossos actúen con la pasividad que se les ordenó adoptar para el referendum ilegal, pues deben contar con la aprobación de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

Por otro lado, el gobierno en funciones se ha adelantado ya a la campaña de desinformación promovida por la Generalitat y a la apertura de nuevas pseudo-embajadas en el exterior.

Como panorama, es apasionante para un politólogo, pero lo que preocupa al ciudadano son cuestiones más mundanas y razonables como la buena marcha de la economía, el empleo y los servicios públicos.

En un contexto internacional emponzoñado ahora mismo por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, con una seria amenaza de nueva crisis económica a una escala sin precedentes, España necesita, como mínimo, un gobierno estable y una oposición dialogante para afrontar los desafíos principales del país.

 

¿Estaremos a la altura?

 *Politólogo y abogado.

 

Comenta esta noticia
Update CMP