25 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
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  • Pascual Tamburri

    Ruta Norte

    Pascual Tamburri nació en Pamplona y vive Navarra. Es licenciado en Filosofía y Letras, en Ciencias Políticas y en Derecho, doctor en Historia Medieval y profesor de Instituto. Ha investigado y publicado más de dos décadas y sigue creyendo que hay futuro para España y sus campos.

Un alemán ha conquistado el mundo. Se llamaba Click

Dorothée Charles, Playmobil. 40 años de razones para amarlos. Traducción de Pablo Moíño Sánchez. Lunwerg Editores - Planeta, Barcelona, 2016. 184 p. 22,90 €

Dorothée Charles, Playmobil. 40 años de razones para amarlos. Traducción de Pablo Moíño Sánchez. Lunwerg Editores - Planeta, Barcelona, 2016. 184 p. 22,90 €

Un bávaro cuarentón y armado ha conquistado el mundo. Ha seducido a tres generaciones de niños y ahora los padres lo añoran. Lo creó Playmobil y a España lo trajo Famobil.

Horst Brandstatter, un bávaro que vivió durante el nazismo y después de él, conquistó gran parte del mundo en cuatro décadas, que se cumplen justo ahora. 2.800 millones de sus criaturas han invadido las casas y los corazones de cientos de miles de niños, que en parte son ya padres si no abuelos. Con el diseño de por Hans Beck, este industrial juguetero dio vida y nombre al guerrero alemán más exitoso de estos dos siglos: el Playmobil, al que los niños de los 70 y los 80 en España insistimos en llamar Click (o Clack).

En este aniversario, la francesa Dorothée Charles va a presentar en España un libro conmemorativo lleno de imágenes, de nostalgia positiva y de presente sorprendente al que pocos de los viejos jugadores conseguiremos resistirnos. Peor quizá lo más importante que nos cuenta este precioso regalo de Lunwerg es cómo el muñeco de Playmobil ha sobrevivido y triunfado, cambiado poco en lo esencial aunque adaptándose mucho a los tiempos, cuando otros competidores mayores o menores, con otras ventajas y otros estilos, han fracasado y desaparecido.

Porque el muñeco de plástico, de 7,5 centímetros y nacionalidad alemana, nacido en 1976 no fue ni el primero ni en que abrió el mercado ni el único. Pero sí el vencedor en una guerra que, empezada en el mercado del juguete, ha terminado por ser toda una batalla de estilo y hasta de difusión de valores. Más grandes, más armados, mejor equipados, fueron los que en España llamamos Geyperman; pero su precio hacía imposible tener muchos, y aunque llegaron antes y después evolucionaron tuvieron siempre el problema, nacido como ventaja, de sus uniformes de tela. Hoy quedan como pieza de colección preciada que los niños de hoy no conocen.

Parecido fue el recorrido de los Madelman, aunque más pequeños también uniformados y con otros problemas de diseño para ser usados por menores. Quizá demasiado españoles, o demasiado cercanos y a la vez lejanos de los Clicks, los nunca olvidados Airgam Boys. Diferentes, estupendos, rompedores, pero al fin derrotados. Viven en cambio, desde luego, los soldaditos de plástico de 15 mm, en sobres, pero juegan en otra liga; y han surgido diferentes competidores menores, ninguno a la altura ya de esta batalla. Por una cuestión cultural, Lego sí da su batalla jugando en otro terreno, y lleva consigo sus propios personajes, que desde el principio fueron marginales a la construcción. ¡Qué mundo tan diferente sería éste de haber triunfado en esa batalla durante la Transición los productos de Exin West y Exin Castillos, y no digamos Tente Mar o Tente Scorpio! Pero la batalla de los personajes fue para Playmobil.

Dorothée Charles nos enseña por qué fue así: un muñeco sencillo, relativamente barato, que permitía moverse y a la vez adaptarlo, cambiarlo fácilmente de roles usando los miles de accesorios pequeños y grandes disponibles. Al final, uno podía cargar en una bolsa con su castillo, su torre adicional y su indispensable guarnición, y marchar de vacaciones sin más traumas. O podía coger sus vaqueros y sus indios para ir al parque. O hacer que sus guerreros dejasen de ir armados, que la princesa empuñase un hacha o que el mismo que montaba a caballo subiese a una moto, pasase del coche a la diligencia y lo que hiciese falta. Todo esto en un plástico seguro y ligero, y con un personaje de pocas piezas.

Siempre sonriente, el muñeco de Playmobil que hoy conmemoramos es el mismo de siempre, aunque sus manos ahora se mueven y muchas de las herramientas han cambiado. En España no podemos olvidar que fue Famosa quien los trajo, y no creo que nadie haya olvidado cómo y cuándo tuvo su primer Click. Sería 1977 ó 1978, en el Galerias Preciados del paseo de la Independencia (no había Corte Inglés en Zaragoza aún), era verano, habíamos ido con la tía María Pilar y fueron tres soldados y un oficial nordistas, es decir azules, con fusil, sable y revolver. Muchos vinieron después, y todos podían jugar juntos e intercambiar todo, y lo pudieron hacer incluso cuando Playmobil asumió la tarea directamente también en la Península.

Esta adaptabilidad ha sido decisiva. Fueron vaqueros, indios, soldados y obreros; pero con los años se han ido añadiendo todos los roles, todos los mundos reales o imaginados, todo lo posible y más, desde piratas a caballeros, desde soldados ingleses a astronautas. Hay mujeres, niños, bebes, distintas razas; y una innegable deriva cultural, ya que cada vez más son roles y escenas pacíficas y tolerantes, cuando antes eran y queríamos más y mejores cañones, armas y picas. Pero esa, por supuesto, es otra historia. Lo principal a los 40 años es ver cómo no son pieza de museo, sino juguete vivo, con la virtud enorme de que un niño de hoy pude jugar con los clicks de su padre y todos sus accesorios, y crear en su mente y en su espacio de juegos cuantos mundos quiera. La historia de un triunfo.

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