30 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las víctimas llevan a Pedro Sánchez y a su Gobierno al Tribunal Supremo

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez

Que el Gobierno cometió errores insoportables es un hecho demostrado por la mortandad desproporcionada en España. Que eso sea un delito, además, debe enjuiciarlo ahora el Supremo.

 

 

Las familias de 3.274 de las más de 26.000 víctimas mortales por coronavirus que oficialmente ha reconocido el Gobierno han presentado una querella conjunta ante el Tribunal Supremo y todo su Gobierno al considerar que sus decisiones, o la falta de ellas, han sido decisivas en el fatal resultado.

Con los datos, las fechas y los documentos en la mano, es imposible no vincular los estragos del COVID-19 en España, sin parangón casi en el mundo, con la inacción de un Gobierno que presume de ser el primero en decretar el Estado de Alarma pero, en realidad, fue el último en adoptar medidas preventivas pese a tener, desde enero, todos los avisos internacionales perfectamente comunicados.

La desproporción de la mortalidad en España, frente a casi todos los países del mundo y en algunos casos con diferencias escandalosas (cuarenta veces superior a Grecia, por ejemplo) es en sí misma probatoria de los errores cometidos. Y la certeza de que incurrió en ellos pese a disponer de información, reiteradamente ignorada, sugiere que no fue un simple fallo humano.

 

 

Que los propios sanitarios, en sus organizaciones más serias y no en as reducidas Mareas que básicamente asumen una función política al ignorar los errores de Sánchez y judicializar las decisiones de Ayuso, también hayan emprendido acciones legales, configura un futuro judicial de lo  más incierto para Moncloa

 

 

Y la certeza de que lo sabe explica, muy probablemente, la estrategia escapista del Gobierno, su persecución de la crítica, la ocultación sistemática de la información real y la campaña de autobombo con sonrojantes falsedades iniciada desde el primer día para maquillar su irresponsabilidad.

Acabe como acabe, la verdad de lo ocurrido, la depuración de responsabilidades y la fijación de las causas es prioritaria: no se trata solo de hacer Justicia, que también, si no de entender qué nos ha pasado para abordar mejor el futuro. Sustituir las respuestas precisas por un miedo indefinido y total no es la mejor manera de emprender la durísima recuperación que nos espera.

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