22 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Saúl Ortiz

    El Coso Rosa

    Repaso con agilidad torera los embistes de diestro y siniestro sin que me tiemble el estoque, con el que me enfrento a los morlacos bravos y a los mansos. Me gustan las tardes de gloria, aunque a veces la vuelta al ruedo sea, más bien, una desvergüenza. Entraré siempre a matar aunque antes me deba persignar.

El ocaso definitivo de Aída Nizar: no podrá facturar por concursar en "GH VIP"

Los problemas crecen para Aída Nizar

Los problemas crecen para Aída Nizar

Ha vuelto siendo una de las protagonistas indiscutibles de la última edición del concurso, pero su futuro será más bien oscuro. Sus problemas judiciales le van a impedir facturar.



Es el revulsivo necesario en tiempos de desatino televisivo. La irrupción de Aída Nizar en la última edición de Gran Hermano Vip ha servido para revitalizar un concurso tocado por el infortunio. La vallisoletana volvió más villana que nunca después de años malviviendo entre tinieblas. Incluso en esa Abu Dabi a la que se trasladó acuciada por las deudas y los enredos emocionales. Pero su desembarco en Telecinco no será tan próspero, pues será difícil que pueda volver a facturar hasta que liquide las deudas contraídas con unos y otros.

Aída todavía adeuda los sesenta mil euros a los que fue condenada a pagar a Begoña Alonso

Tampoco podrá embuchacarse la retribución por su paso por el concurso. Condenada por el Tribunal Supremo, sigue adeudando 60.000 euros a Begoña Alonso tras insinuar públicamente que ejercía la prostitución y que había empujado a David Bustamante, su exnovio, a enrolarse en el mundo de las drogas. Afirmaciones injustificables que ahora tendrá que disculpar a golpe de talonario. No hay otra solución, a pesar de las argucias utilizadas para esconder sus ingresos. No solo eso, sino que además tendrá que hacer frente a las costas procesales del procedimiento que la abogada Teresa Bueyes ha exigido de forma continua.

Nada ha cambiado en ella. La recuerdo perfectamente durante su etapa como reportera en Sálvame. Y no solo por ese tufo entre alquitrán y almizcle con el que atosigaba a cada zancada, sino también por la incontestable meticulosidad con la que abordaba cada reportaje. Se documentaba hasta el hartazgo. Apoltronada en una de las últimas mesas de la redacción, intentaba pasar desapercibida con formas realmente exquisitas. Buscaba, imprimía y cuestionaba.

Me sobrecogía ser partícipe de ese contraste tan brusco entre su educación casi regia y la chabacanería de falsa etiqueta que proyectaba al encenderse el foco. Sigo sin recuperarme de esa bipolaridad tan Nizar que sufrí o más bien lamenté. De esa dualidad tan imperfectamente televisiva con la que acarició las estrellas pero que también le empujó a codearse con Belcebú en un destierro que fue ahogo.

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