21 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Deportes que me sobran

Profunda reflexión sobre deportes absurdos que hoy día tenemos que soportar en los JJOO mientras otros apasionantes siguen sin ser considerados suficientemente dignos para pasear la antorcha

Como soy el típico gilipollas que todo lo sabe no puedo evitar empezar este escrito aclarando que no soporto que se llame Olimpiadas a los Juegos Olímpicos, porque no son lo mismo a pesar de que la RAE, que no suele tener puta idea, lo acepte como conceptos idénticos. Porque las Olimpiadas son el período de cuatro años comprendido entre cada celebración de los Juegos Olímpicos, mientras que los Juegos Olímpicos son simplemente estas dos o tres semanas de competición pura y dura. Ya está. Lo siento, tenía que decirlo.

Pero no venía a eso. Venía a hablar de lo que molan los JJOO, de la tremenda oportunidad de promocionar el deporte que suponen, de los deportes que me sobran porque no los considero como tal y de los deportes que echo de menos. Y de lo que se folla en la Villa Olímpica. Bueno, de eso no, que no tengo ni idea, ni de lo uno ni de lo otro.

Las Olimpiadas son el período de cuatro años comprendido entre cada celebración de los Juegos Olímpicos, mientras que los Juegos Olímpicos son simplemente estas dos o tres semanas de competición pura y dura.

Creo que urge una renovación de los deportes considerados olímpicos y si no me fallan las lecturas que he hecho últimamente, en Tokio 2020 se van a ampliar a unos cuantos de los que voy a hablar ahora. Para mí los deportes en los que se puede competir estando mórbidos, los eliminaría de la faz olímpica. Por tanto no entiendo que se consideren olímpicos deportes como la hípica, que igual que Camarón, depende demasiado del caballo; el golf, que se puede jugar en zapatos y que entre golpe y golpe se mueven en coche; el tiro con arco, que no tiene gracia porque con concentración y un blanco fijo, poco lo diferencia de jugar a los dardos, si lo quieren complicar que aprendan de Légolas o de Ramsay Bolton; o el tiro, en el que cualquier picoleto de los años 80 podría participar sin mayor problemas, pero claro, cualquiera le niega la participación a unos deportistas que tienen la sede de la federación llena de rifles como el taller de Sons of Anarchy. En general, mi norma es que si un deporte lo puede practicar mi tío el del pueblo, es que eso no es un deporte.

Basta ya de subvencionar a tipos que disparan a un plato o que lanzan flechas, que para indios ya tenemos a los del Atleti. No hay manera digna de querer promocionar eso como algo divertido. Porque si este es el nivel, nada nos impide organizar nuestra selección nacional de futbolín o billar. Y yo digo un rotundo no a los deportes en los que se puede fumar mientras se practican.

El baile, la danza, el patinaje artístico, la natación sincronizada o la gimnasia rítmica son unas actividad físicas de la leche, súper exigentes. Pero, para mí, no son deportes.

Si un deporte necesita irremediablemente música para su práctica, también me lo cepillo. Eso no es deporte, es baile. Ojo, que ya sé lo que estáis pensando. Hay que hacer distinción entre deporte y actividad física. Por supuesto que el baile, la danza, el patinaje artístico, la natación sincronizada o la gimnasia rítmica son unas actividad físicas de la leche, súper exigentes. Pero, para mí, no son deportes. Y no lo son porque hay que poner el límite en algún lado, y yo lo pongo ahí. Bailar no es hacer deporte, es bailar. Porque si no podríamos hacer una competición de sevillanas, donde arrasaríamos nosotros; una de tango, donde ganaría siempre Argentina; o una de twerking, donde la zona sur de Alcorcón sería potencia mundial.

No entiendo por qué el kárate no es olímpico, y el resto de deportes de lucha sí lo son. O el lacrosse. O el béisbol. O el sumo. O el pádel. ¿Por qué limitar a algunos deportes selectos la mayor oportunidad de promoción de los mismos? ¿Y por qué limitar a quince días cada cuatro años la época más genial para los amantes del deporte? Que dure más. Que haya más deportes.

No entiendo que la hípica que, igual que Camarón, dependen demasiado del caballo, sea considerado deporte.

Una bendición ha sido la inclusión, por fin, del Rugby7. En serio, no os perdáis este deporte. Cada partido dura veinte minutos en los que no paran de correr, placarse como hijos de puta y anotar sin parar. Y, ojo, todo ello sin perder la educación, el respeto y los valores. Para mí, el deporte total, en mayúsculas. Amor eterno.

Y, por cierto, ya para terminar. El fútbol está tan podrido que me parece una ofensa para los valores olímpicos que tengamos que aguantarlo también en esta maravillosa competición. Al menos, eso sí, no tenemos que soportar a los idiotas ególatras profesionales que cobran suficiente dinero como para comprar toda la villa olímpica.

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