Sin sorpresas ante las elecciones generales

Tengo el pleno convencimiento de que esta nueva cita clarificará el peso específico de los dos mayores partidos partidos y reforzará su posición

Como cabía esperar, y sin que cause verdadera sorpresa a nadie, nos vemos de nuevo abocados a otra cita con las urnas. Cuatro elecciones en cuatro años, lo que supone un verdadero récord en nuestro entorno. Queda por ver si esta vez los resultados darán lugar a mayorías más claras, aunque es fácil percibir ciertas tendencias de una vuelta parcial a un bipartidismo imperfecto.

Empero, lo que todo el mundo busca ahora son culpables, un chivo expiatorio al que cargar el muerto de la falta de acuerdo. Resulta ya casi un lugar común escuchar la cantinela de la tradicional división de la izquierda, que existe de verdad, pero no en términos tan simples como parece. Vengo manteniendo desde hace ya mucho, que la arrogancia de Pablo Iglesias cuando pedía una vicepresidencia, se le quedó grabada a Pedro Sánchez, quien le ha dado a probar de su propia medicina.

Pedro Sánchez puede no ser santo de mi devoción, pero le reconozco que no es tonto y tiene claro de quien debe desconfiar como de la peste. Así, el veto personal a Iglesias y las sucesivas ofertas a la baja a Podemos se trata de pura estrategia para no tener que gobernar con un socio listo para atacar su yugular y con un concepto de lealtad institucional bastante retorcido.

La derecha ahora sí se encuentra desunida, pero vistos los resultados de la fragmentación del voto entre PP, Ciudadanos y VOX, una nueva repetición electoral volverá a encarrilar y concentrar el voto en los populares.

Ciudadanos no ha acabado de encontrar un discurso propio ni aprovechado sus buenos resultados para intentar hacer de partido bisagra o convertirse en verdadera alternativa de centro liberal. VOX, por su parte, recogía en parte un voto de castigo de antiguos votantes populares, quienes una vez tranquilizados, volverán a practicar el voto útil.

El coste de tantas elecciones en tan poco tiempo sí que cabrea al ciudadano y da pie al uso populista como arma arrojadiza, pero sin solucionar nada; una simple cortina de humo. Las grandes cuestiones de Estado, como el futuro de las pensiones, la reforma laboral y la respuesta al independentismo siguen ahí.

Aunque pueda haber quien abogue por coaliciones como las de nuestro entorno europeo, haría bien en elegir con cuidado sus ejemplos. Las coaliciones a cualquier precio no sirven, y menos cuando son contra natura. Italianos y belgas cuentan con ejemplos de lo que no hay que hacer, mientras que Alemania ha dado sobrado ejemplo de pragmatismo con las sucesivas coaliciones CDU-SPD.

Dudo mucho de que haya unas quintas elecciones en un futuro cercano, puesto que tengo el pleno convencimiento de que esta nueva cita clarificará el peso específico de los dos mayores partidos partidos y reforzará su posición en relación a posibles pactos o acuerdos sin contar con socios molestos o, directamente, venenosos.

*Politólogo y abogado.

 

 

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