19 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez, el presidente que prefiere trincheras con ERC a puentes con el PP

Sánchez, visto por una rendija en La Moncloa

Sánchez, visto por una rendija en La Moncloa

El líder del PSOE tuvo a mano tejer grandes acuerdos con la oposición en el peor momento para España. Pero ha optado por romper esa opción y apostar, de nuevo, por los peores socios.

 

 

La lógica aconsejaba a Pedro Sánchez reiniciar la partida ante los enormes retos que se vienen encima. Pero hace tiempo que para el presidente lo razonable es lo que mejor le va a él. Y ello a pesar de que en apenas dos meses ha dilapidado el discurso en medio del drama de miles de muertos que ni siquiera aciertan a contar bien.

“La Taula catalana, la agenda del reencuentro, son boberías ante lo que está por venir”: era la muletilla que transmitía el núcleo duro presidencial en las últimas semanas, una vez que empezaron a pesar los daños del coronavirus. “Debemos olvidarnos de los marcos y convenciones tradicionales”, añadían.

Daba la impresión de que estábamos ante el deseo de inaugurar otro periodo, de reinventar lo que pudiese quedar de mandato de Sánchez. No se podía descartar incluso que se buscase la centralidad constitucional. “Todo estará al revés”, reflexionaba un barón con trienios a las espaldas. En el seno del PSOE hubo quienes abrían la puerta a un giro de 180 grados.

El espejismo

Los que contemplaban esas tesis advertían de que los ciudadanos jamás perdonarían que el Gobierno se distrajese de las prioridades nacionales para fijar la mirada en los juegos secesionistas. “Los españoles ya no darían más de sí ante apelaciones a la autodeterminación, la amnistía y el fin de la represión”, sostenían.  Sin embargo, todo eso fue un espejismo.

Sánchez ha corrido con demasiada prisa hacia la casilla de salida. Tiene bien definida cuál es la dirección de su recorrido. Está en su salsa en brazos de los compañeros de la moción de censura de hace dos años. Nada de cambiar los apoyos. Eso sí, con ellos fortalecidos y el presidente debilitado.

 

 

 

Un mes lleva sin telefonear a Pablo Casado. En pleno drama de salud, económico y excepcionalidad social ha ninguneado al líder del PP ostentosamente para que a nadie pudieran entrarle las dudas. Su guiño a Inés Arrimadas y Cs, para buscar su andamio en las últimas prórrogas del estado de alarma, es una artimaña dirigida tanto para dejar en soledad al Partido Popular, junto a Vox, como para avisar a sus “costaleros” habituales de que si ellos flaqueaban buscaría en la “geometría variable” su tabla de salvación para alargar el mandato.

Con lo que perderían su posición de privilegio. Su apuesta ideológica está clara. La llamada “nueva normalidad” incluirá, por tanto, elementos como la Mesa de diálogo con Cataluña, que Pedro Sánchez desea retomar en el mes de julio, a la vuelta de la esquina, lo que ahora mismo levanta ampollas hasta entre mandatarios regionales socialistas y algún que otro ministro.

 

Además, intramuros de La Moncloa no existe la más mínima crítica. El presidente tiene atados -y bien atados- a los suyos. Todos a una presumen de haber dado la vuelta   a la situación política de días atrás, cuando se tambaleó la mayoría Frankenstein.

La propaganda

El regreso al carril de los socios prioritarios, PNV y sobre todo ERC, ha representado un alivio para un Gobierno con la imagen rota que no da abasto a tanto frente abierto. Sobre Sánchez revoloteó la pesadilla del fin de la mini-legislatura anterior, dinamitada cuando los separatistas llevaron al límite una enmienda a la totalidad a las cuentas públicas. 

Hoy, ya ni siquiera descarta recuperar la senda de un acuerdo que posibilite unos nuevos Presupuestos en septiembre. Según la propaganda monclovita, los de Oriol Junqueras quieren ser útiles en la arena nacional, como el PNV. Para el entorno presidencial, así están las cosas, la utilidad no va más allá del beneficio egoísta de “no dejar caer al Gobierno”. Lamentablemente.    

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