Mancomunar como experimento

No parece que tenga demasiado sentido que los gobiernos locales hagan la guerra por su cuenta al mosquito tigre o a las cucarachas con productos y metodologías distintas

Son días de calor y de temperatura política asfixiante y hasta aburrida, si me permitís la licencia. La importancia de tener gobierno ya se ha convertido en un valor más allá del color político que prefiramos cada uno y a las pruebas me remito. Os quiero contar hoy una de cucarachas.

Los límites entre los municipios de l’Horta Sud son, en ocasiones, difíciles y porosos. Las personas damos importancia a esos límites municipales que nos encasillan en un pueblo u otro. El médico, el colegio, la falla o el ayuntamiento viene determinado por el territorio municipal en el que nos encontremos, pero no para todos los seres vivos es así. Me explico.

Las cucarachas no entienden de límites municipales y pasan de un lado a otro de las fronteras sin pasaporte y sin pagar impuestos. Cual nómadas hacen su camino saltando de ayuntamiento en ayuntamiento. Y que nadie se asuste, no intento hacer ningún símil. Hablo de cucarachas de verdad. Con la llegada del calor las cucarachas y otros bichitos tienden a expandirse, y con ello, los ayuntamientos despliegan una serie de medidas para luchar cuerpo a cuerpo con ellas a no ser que quieran verse en la vergüenza de sufrir un vídeo en el grupo de Facebook del pueblo con cientos de estos amiguitos de no sé cuántas patas.

Los límites municipales son una broma en el camino de estos insectos marrones. La anécdota, sin embargo, se convierte en pesadilla para los humanos del municipio que fumiga menos -o que utiliza un producto menos potente-, pues es allí donde se refugian cuando el alcalde o alcaldesa vecino se pone manos a la obra. Es lo que sucede en algunos municipios del área metropolitana de Valencia cuando un ayuntamiento fumiga: que las invasoras se trasladan a la localidad vecina en un intento de burla casi perfecto.

Por esto es motivo de alegría el anuncio que hace algunos días recogían algunos medios valencianos, a raíz de la puesta en marcha de la nueva corporación de la Mancomunitat de l’Horta Sud, sobre la intención del ente de mancomunar el servicio de control de plagas. No parece que tenga demasiado sentido que los gobiernos locales hagan la guerra por su cuenta al mosquito tigre o a las cucarachas con productos y metodologías distintas en núcleos de población perfectamente conurbados y hasta con calles compartidas.

Al ciudadano, como a la cucaracha, le da exactamente lo mismo cuando se trata de sobrevivir (unos al insecticida y otros a la plaga). Este ejemplo, acelerado por la proliferación de plagas que seguro que algo tiene que ver con el cambio climático sirve para experimentar en esto de la mancomunación de servicios, un camino que ya se empieza a querer recorrer y que, en mi opinión, es la clave para la supervivencia y la eficacia de muchos ayuntamientos.

A las plagas, suerte. A los vecinos, paciencia. A nuestros gobiernos, valentía.

 

 

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