30 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿La "mejor Sanidad del mundo" no da para proteger a mayores y tener material?

Es inaceptable que el colapso sanitario y la falta de respiradores y material básico sea más grave que el propio virus y constituya el mayor peligro para nuestros padres y abuelos.

 

 

Ha pasado demasiado desapercibido uno de los episodios más crueles, insoportables e indignantes de la crisis del coronavirus, que cada día ofrece un capítulo para la desesperanza. Pero éste resulta especialmente sangrante: la constatación, al menos en la asistencia sanitaria de Cataluña, de que está previsto renunciar a salvar a mayores de 80 años si su estado de salud está muy deteriorado y se prioriza a otros pacientes para utilizar con ellos el escaso número de respiradores existente.

Es decir, se deja abandonados a quienes más lo necesitan, porque su edad al parecer hace menos grave su muerte, lo que en sí mismo resulta inhumano, repugnante y denunciable.  Por muchos eufemismos que se quiera utilizar, el resultado es ése y no puede ser más inquietante, pues acepta la posibilidad de que un número indeterminado de seres humanos no sobreviva al coronavirus por la escasez de recursos, y no solo por la gravedad de su estado.

 

Y la sensación de que, con ésas u otras palabras, se puede aplicar el mismo precepto -típico de periodo de guerras- en toda la red sanitaria española, resulta simplemente insoportable: todas las vidas valen lo mismo, y la única razón para no salvar una debe ser la imposibilidad médica, no la falta de medios para atender a nadie.

Viendo la impresentable carencia de recursos básicos para los sanitarios, que a estas alturas aún carecen de mascarillas y trajes suficientes, el pavor se dispara y las sospechas se confirman: la supuesta "mejor sanidad del mundo" no estaba preparada para atender pandemias, ciertamente inhabituales, con los mínimos recursos necesarios para alarmas masivas.

 

 

Porque tal vez sea comprensible no disponer de de herramientas específicas para virus tan inéditos como el Covd-19, pero lo que hemos descubierto es que no lo estamos ni siquiera en lo esencial, válido para cualquier emergencia sanitaria y no solo para ésta: los guantes o el gel desinfectante no pueden incluirse, en fin, en el capítulo de material sofisticado ni especializado.

En las dos últimas semanas han pasado por las UCIS de toda la red hospitalaria española algo menos de 6.000 pacientes, una cifra desde luego considerable pero ni mucho menos desbordante de haber estado preparados.

Una reflexión urgente

Lo que incrementa la letalidad del virus y la sensación de pánico en la sociedad es más, aunque no sea consciente de ello, el colapso sanitario que la amenaza médica de un virus cuya mortandad solo se dispara, desde el 0.5% hasta el 23%, en edades avanzadas con dolencias paralelas.

En un país con decenas de defensores del pueblo autonómicos, incontables observatorios e institutos públicos, facultades de más y una maraña general de dependencias públicas innecesarias; que se apele a la falta de recursos sanitarios para prever lo que sea es inaceptable. Cuando pase la emergencia, España tendrá que reflexionar muy a fondo, sin medias tintas, sobre las prioridades que tiene en su gasto público. Caiga quien caiga.

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