19 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Todas las sombras que rodean al acuerdo judicial de Sánchez y Casado

 

 

Seguramente era necesario un pacto entre los dos grandes partidos -y a ser posible los otros dos de implantación nacional- para renovar el Consejo General del Poder Judicial y, con absoluta seguridad, ningún procedimiento para hacerlo es perfecto: elija quien elija a los miembros del órgano de dirección de los jueces y las más altas instancias judiciales del país, siempre quedará la sospecha de que los criterios políticos, partidistas o gremiales están presentes.

El aroma a componenda puede no ser justo, pero que sea razonable sentirlo es suficiente para que lo hubieran evitado

Si la decisión se deposita en el Parlamento, la sombra de politización será inextinguible. Pero si lo hace una élite cualificada de magistrados, al margen de los teóricos representantes de los ciudadanos, la sospecha recaerá en el nepotismo, los intereses internos o las luchas personales. Nada, salvo la ética personal y la decencia jurídica e intelectual, salvaguarda a un poder básico de las tentaciones mundanas, pues.

En el caso que nos ocupa, las sombras son pese a todo intensas y por poderosas razones. Para empezar, sorprende que el Gobierno anunciara hace unos días la ruptura total de las relaciones con el PP, por mor de las legítimas críticas de Pablo Casado a Pedro Sánchez a cuento de sus devaneos con el independentismo; y que ahora sean capaces de ponerse de acuerdo en un asunto tan relevante.

El PP

Y no escama menos que el PP, convencido de que este Gobierno usurpa poco menos unas funciones que sólo se deben ejercer por designio en las urnas de los ciudadanos, lo legitime con un pacto que además afecta, siquiera estéticamente, al juicio en el Tribunal Supremo a los cabecillas del Golpe constitucional en Cataluña. Que ahora tendrán otro juez para juzgarles, teóricamente más abierto a la condescendencia.

 

 

Todo ello se hace especialmente llamativo por la participación de Podemos en la negociación, que le ha llevado a pasar de exigir un sistema de elección directa por los jueces a reivindicar su cuota en el pacto entre socialistas y populares, que por cierto pierden la supuesta mayoría en el CGPJ a cambio de designar al presidente del órgano.

El PSOE pacta tras anunciar una ruptura total con el PP; y el PP deja de tratar al Gobierno como un usurpador. Escama

Hasta esto no es edificante, pues técnicamente al máximo responsable lo eligen los vocales, designados por el Parlamento, y no una negociación entre Sánchez y Casado de la que solo conocemos el resultado.

El aroma a componenda puede no ser justo, pero que sea razonable sentirlo es suficiente para llegar a una conclusión: pase lo que pase en adelante, será imposible defender que nada de ello tiene un hilo conductor de la política. Y evitar eso debiera haber sido el primer objetivo, más allá del proverbial reparto de sillas.

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