24 de octubre de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El hombre de confianza de Susana en Ferraz, Mario Jiménez, va a pelea por día

Susana Díaz, durante un acto del PSOE de Andalucía.

Susana Díaz, durante un acto del PSOE de Andalucía.

El mapa anímico de Ferraz revela colapso. El líder de la Gestora ansía el momento de dejar la dirección y dedicarse al Gobierno de Asturias. El socialismo cree que lo peor está por llegar.

La desazón dio paso al aturdimiento y éste de nuevo a la impaciencia, que a su vez ha abonado una frustrante parálisis que prende el actual estado de provisionalidad al frente del PSOE. Entre el paso al frente dado por Patxi López a mediados de enero, la vuelta a escena de Pedro Sánchez dos semanas más tarde y el salto de Susana Díaz habrán pasado casi tres meses… Y aún quedará por delante librar la batalla definitiva dentro de unas siglas en situación de enfrentamiento permanente desde hace más de un año: las primarias a finales de mayo y el posterior 39º Congreso Federal. Total, nada. 

El mapa anímico del cuartel general socialista revela sobre todo “colapso”, señalan fuentes socialistas. Así las cosas, el pulso político recae en un grupo parlamentario sujeto puramente a la agenda institucional. Tanto es así, que la labor de Antonio Hernando en el hemiciclo se torna con demasiada frecuencia en una mera “faena de aliño”. Por ejemplo, en el Grupo Socialista hubo diputados que trataban de adivinar qué pretendía su portavoz cuando reclamó a Rajoy, en la última sesión de control, "un pasito más allá" ante el órdago independentista en Cataluña. 

El caso es que el propio capitán de la gestora, Javier Fernández, arde en deseos de poder bajar velas y centrarse solamente en el Principado de Asturias. Mario Jiménez, el hombre de confianza de Díaz en Ferraz, “ha tenido sonadas agarradas”, aseguran, con destacados compañeros. Del actual estado de cosas se quejan con dolor cada vez de forma más frecuente un buen puñado de figuras del partido. Aún lleva grabado a fuego Ramón Jáuregui el haberse visto obligado a protagonizar la reacción de su formación a la mismísima sentencia del caso Nóos. “¿Qué digo?”, preguntó, sorprendido, el veterano político a Eduardo Madina minutos antes de comparecer ante la prensa. “¡Lo que quieras!”, le replicó, poniéndose de perfil. Así, sin más.   

La circunstancia dejó a Jáuregui la sensación de vivir una orfandad, un vacío de poder, difícilmente soportable en un partido importante como el PSOE. Claro. Es el calvario que les toca recorrer hoy a los mandatarios socialistas. Muchas y diferentes voces ofrecen un diagnóstico similar: “Este larguísimo impasse proporciona una imagen desastrosa”. Sobre esa inquietante falta de reflejos no desea hablar en público ningún dirigente alineado con el susanismo, pero, a estas alturas, es de dominio público el agotamiento del PSOE. Y eso se refleja, se diga lo que se diga, en la falta de toma de decisiones. 

Y, por fin, el PSOE suspiró. O, al menos, lo hizo el sector oficial con el “anuncio del anuncio” de Susana Díaz de presentarse a las primarias para liderar el partido. La presidenta andaluza llevaba semanas oyendo a barones y referentes históricos las mismas palabras: “La situación es cada día más insostenible entre los nuestros, Ferraz se ve afectada en su funcionamiento y, lo más importante, la parálisis puede convertirse en enfermiza”. La gestora ha podido tener grandes aciertos como la estrategia de acuerdos parlamentarios con contrapartidas del Gobierno o el cerrojazo a la crisis con el PSC, pero el manejo de la terapia del tiempo les ha trastornado internamente. 

El PSOE está en una situación muy crítica. Y por lo que atañe a la incertidumbre sobre qué ocurrirá el “día D”, la inconcebible batalla de las primarias hasta final de mayo, sólo agrava su estado de salud actual de extrema gravedad. Detrás de la retórica de unos y otros lo que se masca en el horizonte es una guerra sucia que está por ver las víctimas que va a dejar en cada familia socialista. “Esto va a ponerse feo”. Mario Jiménez dixit. Su esperanza, claro, tiene nombre de mujer. Su petición, se entiende, que impere el sentido común.  

Con todo, las cuentas están echadas. Eso se dice al menos. A Susana Díaz le bastaría con conquistar 22.000 votos en su tierra para dejar sin opciones a Pedro Sánchez. Nadie en el entorno de la secretaria general del PSOE andaluz duda que los conseguirá: “Está al alcance de su mano”, señalan. De hecho se va a poner en marcha una acción de movilización sin precedentes para que “ningún socialista en Andalucía de los de Susana se quede sin votar”. Si bien, por si las moscas, a Madina le reservan un papel muy relevante en la campaña de Díaz allí donde obtuvo mejor resultado en el anterior proceso de primarias de 2014 y donde el mensaje antisusanista más ha calado, como en Cataluña. Aunque, ya se sabe: el voto es secreto y en urna y la militancia es soberana. 

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