28 de enero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Gistau mete el miedo en el cuerpo a los monárquicos con un aviso al Rey Felipe

Gistau ironiza en su columna sobre el cambio de actitud del Rey.

Gistau ironiza en su columna sobre el cambio de actitud del Rey.

Muchos han sido los análisis y reflexiones que se han hecho en torno al llamativo giro radical del Monarca respecto al "segundo bloqueo" pero los hay que han ido un poco más allá.

Un par de días después siguen lloviendo los análisis políticos sobre las palabras del Rey Felipe y la necesidad de evitar unas nuevas elecciones y este martes se suma David Gistau a las reflexiones desde su columna de El Mundo.

Se retrotrae el periodista al anterior bloqueo, el "no es no" contra Mariano Rajoy que le costó a Pedro Sánchez ser "extirpado del PSOE". 

A su juicio, "el segundo bloqueo nos alcanza más adaptados al desorden y la erosión, más sueltos en el carajal español" y aquí se hace eco del cambio en la actitud del Rey: "El primer bloqueo lo vivió durante los años de saneamiento de la institución monárquica, cuando actuaba como si estuviera a prueba. Con una prudencia ensalzada por todos, sin la menor tentación de rebasar los estrictos límites constitucionales".

De hecho, asegura, "de lo que presumían entonces sus cercanos es de que el Rey había sabido abstenerse de realizar una sola declaración política a favor del desbloqueo a pesar de que el entorno de Rajoy le hacía saber que esperaba de él que se atreviera".

En aquellos días si de algo se quejaban los actores políticos de la derecha era de que el Rey mostró "escasa implicación y poco riesgo" acogiéndose "a sagrado en la casilla constitucional".

Ya en octubre del 17 cambio la cosa con su célebre discurso "ya terminada la reparación de averías heredadas, en el que mostró más motivación para enfrentarse a los grandes hechos de su tiempo".

Es por eso, cree Gistau, que "el segundo bloqueo nos aporta un Rey que, al haberse atrevido ya en octubre del 17, vuelve a hacerlo durante un posado estival e interviene, esta vez sí, en el otro "no es no", el que padece Sánchez".

Con no poca ironía señala que "nadie dijo que el trabajo de exégeta real fuera a ser fácil. Hay que superar contradicciones".

Y aquí es donde concluye sarcástico que "ahora tenemos a los mismos que elogiaron al Rey por no traspasar las fronteras constitucionales y no inmiscuirse en los asuntos parlamentarios, que han de ser resueltos por los representantes de los electores, admirando esta vez la conexión del Rey con su tiempo y su golpe de autoridad para urgir a los partidos".

Eso sí, advierte antes de terminar, "como más lágrimas se derraman por las plegarias atendidas, tendría gracia que ahora al Rey se le formara un Gobierno compuesto al 50% por gente que anhela redefinir España y enviarlo a él a Estoril, y de la cual a lo mejor sólo podrían salvarlo otras elecciones". 

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