26 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cómo evitar que una gran victoria del centro derecha sea su peor derrota

Los líderes de PP, Cs y Vox deben encontrar ellos la fórmula para evitar que su mayor victoria conjunta, con millones de votos de diferencia, pueda ser inútil y llevar a Sánchez al poder.

 

 

La certeza de que el bloque de centro derecha superará en votos al de izquierdas, incluso por goleada, va además acompañada de la confirmación de que los partidos que se ubican en ese espectro no pondrán demasiados problemas para entenderse: el PP y Cs probablemente gobernarán en coalición, en esa hipótesis, y Vox será un exigente apoyo de investidura y tal vez después.

Y sin embargo, ambas evidencias pueden no ser suficientes para evitar que Pedro Sánchez siga en La Moncloa, sustentando por un Podemos debilitado y un independentismo interesado y voraz, con una paradoja histórica: con la mayor diferencia entre ambas opciones y tal vez el mayor número de votos a favor del centro derecha que nunca, su división y la Ley D'Hont puede hacer inútil su rotunda victoria.

Ante este fenómeno, no es sencillo encontrar una respuesta sin dañar los legítimos intereses de cada uno de los partidos y, aún más, de sus votantes: pedirle a un ciudadano que no vote lo que realmente quiere para no favorecer lo que rechaza no es habitual, y son los líderes políticos quienes deben encontrar la fórmula para lograr el resultado que sus formaciones y sus seguidores quieren.

Más altura de miras

Para ello, hace falta una altura de miras que hasta ahora no se ha percibido. Ni el PP ni Cs ni Vox han sido capaces de traducir su disposición al acuerdo en una fórmula que posibilite el máximo aprovechamiento de los votos que van a tener entre los tres, seguramente superiores en dos o hasta tres millones a los que logren PSOE y Podemos.

Ni PP ni Cs ni Vox han sido capaces de traducir su disposición al acuerdo en una fórmula que posibilite el máximo aprovechamiento de los votos que van a tener entre los tres

Y que tengan claro el acuerdo postelectoral pero no la fórmula previa evidencia que, por mucho que les interese dotar a España de un Gobierno ajeno al nacionalpopulismo de los socios potenciales de Sánchez -cuando no del propio líder del PSOE-, ahora priorizan los objetivos parciales de sus formaciones y quienes las componen.

El riesgo

La oferta de Rivera a Casado es el mejor ejemplo de lo positivo pero tal vez tardío o insuficiente de un pacto posterior al 28 de abril, cuando quizá no haya nada ya que pactar. Y la actitud previa de Casado, limitada a pedirle a Vox que se retire en provincias pequeñas y a Cs que se integre para el Senado, está en esa misma línea.

Todos deben poner más de su parte, en fin, para sortear el evidente riesgo de que el centro derecha gane como nunca pero tenga imposible traducir ese peso en representación institucional. Ésa es la tarea de Casado, Rivera y Abascal para las próximas semanas. Y si no son capaces de atenderla, que luego nadie se lleve las manos a la cabeza.

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