21 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Alerta roja poblacional

Aumenta la preocupación por la despoblación en España, un fenómeno que siempre ha existido en el interior de la península y que está causando verdaderos 'desiertos' demográficos.

Abrupta y extensa, la península ibérica siempre ha sufrido brutales desequilibrios de población. Las grandes ciudades y la intensa circulación de gentes en las periferias, nunca han dejado de contrastar con las pequeñas ciudades y las soledades del interior. Pero de unas décadas a esta parte, esta brusca relación entre las concentraciones de la costa y la extrema dispersión de la meseta, combinado con el envejecimiento demográfico, han hecho saltar todas las alarmas.

La alarma es sencilla: las mesetas se despueblan; todo el mundo se va al litoral

En comparación con otros países desarrollados de nuestro entorno, y con arreglo a su superficie (la segunda mayor de la Unión Europea tras Francia), España debería tener casi el doble de población y, por consiguiente, una mayor presencia de personas por kilómetro cuadrado. Sin embargo, dentro de nuestras fronteras existen parajes que presentan una densidad de población inferior a las más deshabitadas del norte de los países escandinavos, al filo del Círculo Polar Ártico.

 

 

Ante este panorama, políticos, economistas, investigadores universitarios e incluso escritores han comenzado a movilizarse y a poner el foco en una realidad que ya se considera una cuestión de estado y que, según sea afrontada, puede ser una oportunidad o una condena para el futuro de la sociedad española. He aquí algunas de las claves sobre las que gira el debate en torno a este país solitario y desolado que, según no pocos expertos, es el rasgo más señalado de España.

Cinco millones menos en 2066

Los datos demográficos que manejan las autoridades gubernamentales no son nada tranquilizadores. En 2015 se registraron más defunciones que nacimientos y son ya diez las comunidades con un saldo vegetativo negativo. Los cálculos del Gobierno son que España seguirá perdiendo habitantes en los próximos años y el descenso alcanzará el medio millón en 2031. Las cifras más terribles son las de los pronósticos a largo plazo del Ejecutivo: se habrán perdido cinco millones de españoles en 2066 (el 11% de la población actual).

Ante esta oscura perspectiva, en la Conferencia de Presidentes Autonómicos celebrada el pasado enero se llegó al acuerdo de hacer frente a este problema y elaborar una estrategia demográfica teniendo en cuenta el envejecimiento y la despoblación de las zonas rurales. Los detalles de esta estrategia aún no se conocen al detalle. Ni tampoco se ha dado un plazo para hacerlos públicos.

Muchos concentrados en poco territorio

La mayor parte de la población en España se concentra en una parte muy pequeña del territorio. En concreto, el litoral mediterráneo, la región urbana madrileña, el área del bajo Guadalquivir, el litoral vasco y gallego, y algunos puntos punto aislados del interior peninsular, como la zona central del valle del Ebro o la zona urbana vallisoletana, y los archipiélagos balear y canario.

Incluso al analizar con más detenimiento este reparto, se aprecia que incluso en el interior de esas zonas más pobladas, la población se concentra en unas cuantas áreas metropolitanas y en algunas conurbaciones, mientras en las zonas rurales se produce un notable vacío demográfico. La industrialización y el desarrollo del turismo reforzaron el atractivo del litoral, Madrid y los archipiélagos.

Las migraciones, todas con el mismo destino

Las migraciones interiores y exteriores también han reforzado esa distribución. Así, los inmigrantes extranjeros que llegan a España tienden a localizarse en aquellos lugares en los que hay una mayor oferta de empleo en la construcción (capitales de provincia y la costa), en los servicios poco especializados o en las zonas rurales más desarrolladas. Los migrantes del interior también se han movido por parecidos criterios: se dirigieron hacia las zonas de mayor desarrollo económico (costa mediterránea, provincias de Madrid, Barcelona, Bilbao y capitales de provincia), que son las que tradicionalmente han estado más pobladas.

Como resultado de estos movimientos migratorios, se ha producido un lento, pero inexorable, envejecimiento de la estructura demográfica de la España interior. La salida de adultos y jóvenes han causado un descenso de las tasas de fecundidad y de natalidad, y originado tasas de crecimiento muy bajas, cuando no regresivas. En cambio, las zonas receptoras del éxodo rural y de las corrientes migratorias actuales presentan índice de crecimiento real y natural superiores, y una tasa de envejecimiento menor.

Desierto demográfico… y laboral

La riqueza ha seguido unas pautas de reparto similares a los de la población. El mapa de la distribución del PIB español prácticamente se puede solapar con el de la distribución demográfica, con mucha población concentrada en poco territorio. O lo que es mismo, la despoblación está haciendo crecer los “desiertos laborales” en España, esto es, el número de territorios en los que la ocupación se hunde cada vez más mientras crece en los núcleos urbanos de mayor tamaño. Erial demográfico y desierto laboral van, irremediablemente, de la mano

Ciudades con vecindario de pueblo

La evolución del fenómeno urbano resulta también de lo más elocuente. Si en el año 2000 solo había 928 municipios con menos de cien habitantes, hoy ese número asciende a 1.286, según datos del Instituto Nacional de Estadística y de la Federación Española de Municipios y Provincias (Femp). La tendencia es una España con menos habitantes y cada vez más concentrados en las grandes ciudades.

 A continuación se contabilizan 2.653 localidades con entre 100 y 500 habitantes y 1.017, con entre 500 y 1000 habitantes. Sumados estos tres peldaños: se aglutinan 4.955 pueblos de España con menos de un millar de vecinos. Entre todos ellos apenas aglutinan un millón y medio de personas. Es lo que se conoce como la gran brecha poblacional de España, a raíz del éxodo rural que ha ido afectando a la mayoría de las provincias de interior desde los años 70 hasta el presente.

La Laponia española

Una imaginaria región que abarcaría las provincias de Soria, Guadalajara,Teruel, Cuenca y la parte interior de Valencia conforma uno de los espacios más despoblados de Europa, un vacío demográfico en pleno corazón de la península que ha acaparado incluso la atención internacional. Se trata de un área de 63.098,69 kilómetros cuadrados (dos veces Bélgica) que abarca 1.632 municipios, pero que sólo tiene 503.566 habitantes. Es decir: 7,98 habitantes por kilómetro cuadrado.

Pero a este territorio le ha salido un defensor, el colectivo Serranía Celtibérica,  que ha diseñado un proyecto con el que pretende evitar no solo el completo abandono de esta zona sino también dotar de identidad a la España más olvidada.

 El “Gran Trauma” de la España vacía

Uno de los libros más laureados de 2016 fue La España vacía. Viaje a un país que nunca fue (Turner Publicaciones), un ensayo del periodista y escritor Sergio del Molino, donde se reflexiona sobre la tensa relación que en España se ha mantenido entre la España interior, despoblada, rural y atrasada, y la periferia urbana y moderna, fruto de la cual es una quiebra social de grandes proporciones.

Del Molino lo describe bajo el concepto de “GranTrauma” en estos términos: “Es el gran éxodo rural que no es muy diferente al resto de sociedades industriales. La diferencia con España es que es muy tardío, cien años después de Reino Unido y Francia. Y muy traumático porque sucede en poquito tiempo, en 20 años. De repente una ciudad como Madrid pasa de tener un millón a tener tres millones en 20 años. Barcelona, lo mismo. Pueblecitos que eran de las afueras se convierten en nada en ciudades de 100.000. Y, a la vez, un montón de pueblos se vacían. En otros países no fue tan de golpe y tuvieron muchos más años para asimilarlo, y nosotros aún estamos en el proceso de digerir ese cambio de nación. Hay millones de personas en España que lo vivieron, pertenece a la memoria viva de mucha gente".

 

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