El valor de la palabra dada

Boris Johnson incumple ahora lo que firmó

Boris Johnson incumple ahora lo que firmó

Boris Johnson deberá retirar el proyecto de ley y dar muestras de algo más que simple arrepentimiento para recuperar la confianza del mundo entero...si es posible todavía

Prácticamente tres años han transcurrido desde el fatídico 23 de junio de 2016, fecha en que el referendum británico sobre su permanencia en la Unión Europea dio como resultado un NO que provocó un verdadero terremoto político y la crisis más grave sufrida por el proyecto europeo en toda su historia. Se rompió un matrimonio que había tenido sus diferencias, pero del que nunca se había dudado en el largo plazo.

El periodo negociador inmediatamente posterior fue intenso e increiblemente desgastador para las instituciones y los representantes políticos británicos; la lista de dimisiones, voluntarias o forzadas por la presión, es larga. Theresa May hizo lo que pudo, hasta que las permanentes puñaladas por la espalda (y también de frente, sin esconderse) de sus propios correligionarios, le impidieron seguir adelante.

Europa y Reino Unido estaban en una encrucijada, si bien los primeros querían alcanzar un acuerdo razonable, la pretensión británica de tener todos los derechos y ninguna obligación, resultaba irritante. Estaba además la cuestión de Irlanda del Norte, donde se debía respetar en todo caso el Acuerdo de Viernes Santo y evitar el establecimiento de una frontera dura entre ambos territorios.

Se llegó al deseado Acuerdo de Retirada, que recogía los puntos esenciales exigidos por la Unión y por el que Reino Unido abandonó oficialmente la UE el 31 de enero de este año, pero todavía con cuestiones a pulir posteriormente. En todo caso, se establecía para el periodo transitorio el mantenimiento del statu quo, con lo que, en apariencia, nada cambiaba.

Pero la nueva cabeza directora del Brexit tras la dimisión de Theresa May, Boris Johnson, ha iniciado un nuevo capítulo en este culebrón. El mismo tramposo que suspendió el Parlamento en agosto del año pasado para frustrar las opciones de la oposición de plantar cara a sus políticas, decisión que fue anulada por unanimidad del pleno de la Corte Suprema británica, quiere ahora dejar sin efecto unilateralmente el Acuerdo de Retirada.

En concreto, con el proyecto de Ley de Aduanas en tramitación en el Parlamente británico, pretende dinamitar lo establecido en referencia a Irlanda del Norte, donde en consonancia con el Acuerdo de Viernes Santo, no debería existir una frontera dura. El cálculo de Johnson pasa, muy probablemente, por evitar la sensación de unidad política entre las dos irlandas que conduzca a una eventual unión de la isla en un único país irlandés.

Puede no andar demasiado equivocado, el peligro de desmembramiento del Reino Unido es real y tangible, debiendo añadir también Escocia a la ecuación. Sin embargo, el verdadero error de cálculo es pretender que romper unilateralmente con un tratado que el mismo firmó, no va a tener consecuencias, pues el Acuerdo de Retirada incluye mecanismos jurídicos de control y posibilidad de establecimiento de sanciones.

Con todo, la verdadera catástrofe consiste en la pérdida de credibilidad de un país entero. Ya se lamentaba el ex-primer ministro conservador John Major de la mala visión política de Johnson, recordando el valor que ha tenido en el pasado la palabra dada por Gran Bretaña y su reputación de honrar sus promesas.

Boris Johnson deberá retirar el proyecto de ley y dar muestras de algo más que simple arrepentimiento para recuperar la confianza del mundo entero... Si es que es posible todavía.

 

*Abogado y politólogo.

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