22 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La información que tiene Rajoy de Torra hace que La Moncloa juegue con ventaja

Quim Torra y Carles Puigdemont, durante su visita a Berlín ya como president.

Quim Torra y Carles Puigdemont, durante su visita a Berlín ya como president.

El Presidente guarda sus cartas, aunque se muestra a la defensiva. La teoría era que el nuevo president de la Generalitat resultaría una pesadilla, sobre todo para los suyos.



Como el político experimentado que es, Mariano Rajoy tenía decidido poner en práctica un plan que había trazado con sus más estrechos colaboradores: Freno de mano echado, como medida preventiva, claro, y sortear las trampas que esperaba de Quim Torra. La teoría que manejaban en La Moncloa es que el presidente de la Generalidad de Cataluña tomaría iniciativas consecuentes con el compromiso de guardarle la silla al líder “legítimo”, pero evitando cruzar las líneas rojas que desencadenen el despliegue de un nuevo 155. 

El entorno del presidente del Gobierno ha ido dando por descontado que Torra desplegaría dosis de “espectáculo”, pero “todo será fachada”. “Jugará al desafío con red”, aseveraron. A la postre, los instrumentos del Estado siempre acabarán ganando la partida a los productos de la imaginación separatista. Había motivos evidentes para anticipar que el nuevo presidente asume como objetivo prioritario el disparate impulsado por Carles Puigdemont. Por si acaso, y para evitar una intervención total de la comunidad autónoma, se han acumulado los avisos al clon de Puigdemont. Ya sabe a lo que se atiene si se salta la ley. 

Algunos de los pasos de Quim Torra han estado lejos de sorprender en el Palacio de La Moncloa, y, ciertamente, han ido mal encaminados. Tal extremo sucedió con su viaje a Berlín para rendir pleitesía a Carles Puigdemont, ahora su tournée por las cárceles, su demandada entrevista con Rajoy que el jefe del Ejecutivo deseaba aprovechar para recordar unos principios democráticos básicos, pero que el presidente catalán parece haber olvidado, y en el recorrido el veto a su clandestina toma de posesión de Soraya Sáenz de Santamaría, la disposición de la vicepresidenta a acudir era a todas luces nula, y de cualquier ministro, Rafael Catalá y Cristóbal Montoro hubieran tenido muchos boletos, … Al final, el Gobierno se plantó. 

Mariano Rajoy nunca pierde las formas, aunque las mate callando. Es posible que la idea fuese resaltar por contraste la obcecación de QuimTorra y al mismo tiempo no alentar su victimismo. La realidad además es que Torra pueda convertirse en una pesadilla para el mismo bloque secesionista a los que amenaza con arruinarles la vida. No en vano, va por libre y únicamente se debe a quien le ha nombrado. Y existe también mar de fondo con PdeCAT y ERC por su ideología racista que dinamita la comprensión fuera de nuestras fronteras con su causa. “¡Oído cocina!”, susurraban en La Moncloa. 

¿De qué información dispone el entorno del presidente del Gobierno? Las líneas calientes entre Madrid y Barcelona se mantienen abiertas. Pero, enredado en las provocaciones, la pretensión de Torra de reponer en sus cargos a los ex consejeros cesados en la cárcel o fuera del país, parece ir quitando, de momento, la razón a los estrategas monclovitas. ¿Terminará por pulsar Rajoy el botón del pánico? Todo se andará.

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