La ciudad no es para mí. Catetos y perversos a la vez

Saben que mienten, saben que engañan … es lo único que saben, porque no saben nada más. Ignorantes de todo, atrevidos de nada, desgobiernan en exclusivo beneficio propio.

No es fácil para un modesto opinador de cuatrocientas palabras semanales seguir tanto invento, mentira, trampa, falacia, impostura, indecencia y traición como producen a diario y con alborozo el prolífico Gran Okupa y su gobierno.

Dicen, la vicepresidenta del dinero público que no es de nadie y la ministra portavoz de confuso patrimonio, que el Vaticano las comprende y comparte criterio … y que el desmentido oficial es, simplemente, propio de su exquisita diplomacia. Será.

Ya podían aprender un poco mientras ensayan una vez más con todo tipo de desprecios por la Iglesia y los católicos, modificando leyes y admitiendo injurias. Y esperar respuesta de la exquisita diplomacia papal.

En la Comunidad tenemos lo nuestro y en el cap i casal la cosa ya es de echarse las manos a la cabeza. O de salir a la calle en masa a mostrar una decidida repulsa. Aunque no sea nuestro estilo habitual … pero es que la paciencia se agota.

Mientras estos majaderos ingubernamentales aprietan las clavijas de sus posaderas al banco azul y aseguran sus pingües emolumentos, en la periferia las cosas resultan más básicas y directas.

La semanita pasada fue de órdago, con las dos caras de la misma moneda herrumbrosa.

Hacer de la plaza del Ayuntamiento un lodazal de braguitas y boatinés de tercera con los ecos todavía de su indisimulada apuesta por el independentismo y contra la unidad de España, es fruto de una estrategia calculada en la que los que hoy mandan aquí se reconocen y disfrutan implantándola.

Que viene el Rey, pues yo a recrearme en el mercadito de falsificaciones y procacidades, debió pensar Morera seguramente, crecido por el “éxito” de su discurso ante los enemigos de España, defendiendo a los golpistas, tras su profunda investigación histórica sobre la batalla de Almansa, desplegada con ignominia en las Cortes que su presidencia ensucia.

Saben que mienten, saben que engañan … es lo único que saben, porque no saben nada más. Ignorantes de todo, atrevidos de nada, desgobiernan en exclusivo beneficio propio hasta que un rasgo de lucidez colectiva del pueblo valenciano les ponga de nuevo en su sitio. Es decir, en su puñetera casa.

¡Cuanto peor mejor! No tienen otra regla. Ni otro objetivo. Y vive Dios que lo están consiguiendo.

Catetos y perversos. Es la fórmula mágica para hacer la vida imposible al ciudadano laborioso y responsable. Al valenciano de pro que, desconcertado, ya está preparado para el próximo disparate.

Sigan por ese camino, no se corten. Tal vez sea lo mejor para que, tras manifestarse sin disfraz en este Halloween que tanto les entusiasma, les podamos mandar definitivamente a paseo (con Bort, que los nombres lo dicen todo).

Sería un descanso. Y un rasgo de inteligencia pública, que como el dinero que ustedes manejan ahora en su beneficio electoral, sra. Calvo, es de todos.

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