25 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El peligro para España es Bildu, ERC y Podemos; no VOX ni el PP

Abascal y Otegi

Abascal y Otegi

Sánchez se ha entregado a los socios más siniestros pese a la disposición al pacto de la oposición, con un plan a largo plazo que consagra la ruptura, el frentismo y la división.

 

El Gobierno intenta adecentar su ignominioso pacto con Bildu estableciendo un insólito paralelismo entre la actitud "de Estado" de la nueva Batasuna y el carácter extremista del PP o, pero aún, anticonstitucional de VOX.

Se trata de una colosal mentira nada inocente, que evidencia los nulos escrúpulos de un Gobierno que, sin embargo, no hace nada de manera gratuita. Adjudicarle al partido de Santiago Abascal un origen franquista o, peor, un respaldo expreso de la Dictadura, es una bellaquería solo superada por el blanqueamiento de quien acumula décadas de respaldo al terrorismo, por acción u omisión, y a estas alturas sigue sin condenarlo.

VOX ni existía cuando Otegi, hilo conductor entre Batasuna y Bildu, delinquía en nombre de ETA; justificaba o se callaba ante sus atentados; establecía el puente entre la banda terrorista y las instituciones y, a modo de resumen, pasaba el día en la playa con su familia mientras sus aliados asesinaban cruelmente a Miguel Ángel Blanco.

Que el entorno etarra intenta convertir esa terrible historia reciente, con heridas abiertas muy profundas entre las víctimas, en una especie de choque con un Estado cruel que se ha superado encima por su generosidad, es una cosa.

 

Pero que el PSOE suscriba, impulse y blanquee ese repugnante y falso relato es otra bien distinta que, a cambio de un apoyo coyuntural, reanima tal vez para siempre la peligrosa épica que rodea a ETA en determinados círculos que tal vez algún día quieran repetir sus hazañas: no colocarlas en la estantería oprobiosa oportuna equivale, sin duda, a mantener encendida una llama liberticida a futuro.

VOX es un partido radical, sin duda, que defiende ideas y medidas que pueden ser compartidas y repudiadas libremente. Pero lo hace siempre dentro de la Constitución, incluso cuando sus iniciativas no caben en ella: el respeto a la Carta Magna no consiste en no pedir su abolición incluso, sino en encauzar esa aspiración por los procedimientos democráticos descritos en ella.

Sánchez ha tenido la oposición más generosa desde el 78 y ha optado por blanquear a lo peor para eternizarse en el poder

Algo que VOX sin duda hace cuando defiende la desaparición de las Comunidades Autónomas, tan legítimamente como el PSOE cuando respalda una "España Federal" porque ambos se ciñen a expresar deseos sin asaltar la estructura legal del Estado de Derecho. Si VOX es anticonstitucional por tener ese objetivo, también lo es el PSOE.

Nada que ver con el golpismo institucionalizado en la Generalitat, el acoso a la Corona de Podemos o, no digamos, el impulso batasuno a la violencia durante lustros: todo ello sí es ilegal; pero en todo ello se apoya Pedro Sánchez para llegar a la presidencia y gobernar España.

El sectarismo más peligroso

La elección de socios define a este Gobierno y anticipa su plan para España: una siniestra mezcla de una hoja de ruta sectaria y frentista, que incluye la demolición paulatina de lo que sus aliados tildan despectivamente de "Régimen del 78"; con una persecución de todo contrapoder crítico o reequilibrante, resumido en el asalto al Poder Judicial, el proselitismo de la Ley Celaá, la creación del Ministerio de la Verdad o la imposición de un estado de alarma eterno que libera de controles al Ejecutivo.

 Lo cierto es que Sánchez ha tenido desde 2018 la mano tendida del PP para alcanzar pactos de Estado recomendables siempre, e imprescindibles en tiempos de pandemia y crisis. No ha habido una oposición más generosa en ese sentido desde 1978. Pero lejos de aceptar esa voluntad de acuerdo, representativa de la inmensa mayoría de españoles, ha optado por las alianzas más perversas y las cesiones más peligrosas.

Con una moraleja final lamentable: Sánchez no está pensando en lo mejor para una España atemorizada por el virus y hundida por la crisis económica. Sino en cómo eternizarse en el poder sumando 176 diputados al precio que sea.

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