21 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Y si no fue un error?

Los Reyes, con Sánchez y su esposa, este pasado verano

Los Reyes, con Sánchez y su esposa, este pasado verano

Tras el aparente fallo de protocolo el 12-O, puede esconderse una estrategia mucho más profunda de marginar a los Reyes. El autor diserta sobre una hipótesis nada descabellada.

 

 

Desde la salida del último invitado a la recepción del 12 de octubre en el Palacio Real, tronchándose con el espectáculo, las explicaciones del Comando Salvar al Soldado Sánchez no han dejado de sucederse. Todas tienen como denominador común la atribución de la responsabilidad al servicio de protocolo de la Zarzuela pero, pese a la piadosa complicidad de ésta asumiendo lo increíble (cualquiera que los haya visto actuar sabe que Protocolo de Casa Real es un Terminator implacable que jamás comete errores), la credulidad no llega para tanto, por grande que sea la insistencia de La Sexta y TVE.

¿La Operación Pedro Sánchez, Padre fundador y presidente de la III República, ha comenzado? La única alternativa posible es que sea un majadero

Primero dijeron que se le había dicho al presidente que él y su mujer aguardasen junto a los reyes hasta que se terminase de formar la fila del besamanos. Pero el problema fue que las imágenes resultaban inapelables: en ese momento la fila ya estaba formada y, además, el matrimonio Sánchez no se limitó a esperar a un lado, en un discreto segundo plano, sino que el presidente se apresuró a extender su mano para saludar a la presidente del Congreso.

Después nos explicaron que en realidad la razón era una fotografía que se quería tomar de todas las altas autoridades del Estado. Pero el problema volvió a ser que esto tampoco explicaba el modo saludo de la vivaracha pareja y que, encima, el nuevo guion añadía a todo el sainete una añadida e inquietante incógnita: ¿qué alta autoridad del Estado es doña Begoña Gómez?

¿Un Rey segundón?

Mucho esfuerzo por disfrazar un error… ¿Un error? ¿Y si en realidad no fue un error, sino un paso más en una estrategia absolutamente calculada, pero cuya visibilidad se habría anticipado demasiado, precipitándola?

Recordemos la realidad de toda monarquía (más allá de voluntariosas justificaciones históricas): la adhesión popular a un rey se fundamenta en la visibilidad de su autoridad sobre todas las demás caras del telediario y en su utilidad internacional como marca andante del país. En nada más. Por eso, la historia nos demuestra que un rey doméstico y segundón frente a otro líder que lo subordina es un rey en la antesala del despido.

 

 

Y, ahora, recapitulemos: en la época -hasta anteayer- en la que Sánchez vivía instalado en el extranjero (quince viajes en cuatro meses), éste decide al mismo tiempo que el rey no salga de España (ni un solo viaje oficial en el mismo tiempo). En su viaje a los Estados Unidos, se intenta organizar una reunión personal de la mujer del presidente del Gobierno con la mujer del jefe del Estado anfitrión, como si la señora de Sánchez tuviese la agenda propia que sí tiene la reina Letizia.

El papel de Begoña

E incluso antes, en la excursión a Canadá, doña Begoña acompaña a su marido en un esforzado desempeño como primera dama (inenarrable su colocación en el primer puesto de la línea oficial de saludo, comandando a los ministros) que la propia primera dama -ésta sí- de Canadá se encarga de frustrar, no acudiendo a la representación de este penoso Camelot kennediano de provincias. Y, para terminar, los señores de Sánchez se ponen a recibir a los invitados en el Palacio Real como si de los propios reyes se tratase.

¿La Operación Pedro Sánchez, Padre fundador y presidente de la III República, ha comenzado? La única alternativa posible es la de que Pedro Sánchez es, simplemente, un perfecto majadero. O esto o una saludable teoría conspiratoria que nos permita olvidar la triste condición de nuestros gobernantes, que no da ni para un folletín barato de intriga política. Elijan ustedes.



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