26 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez se deja humillar por el independentismo que le regaló La Moncloa

El Gobierno tolera la kale borroka, las agresiones a policías, los lazos amarillos y el lenguaje bélico con tal de no molestar a los partidos independentistas que le dieron el poder.

 

 

El aniversario del 1-O ha evidenciado, ante todo, la sumisión de dos Gobiernos distintos a la marabunta radical que se ha puesto al frente del independentismo en Cataluña. De un lado, el de España; pero de otro, el de la propia Generalitat.

Es lamentable comprobar cómo Pedro Sánchez mira sistemáticamente hacia otro lado por no ofender a los partidos que, con la excusa de la "ejemplaridad" de la que tanto adolece, le llevaron a ocupar un cargo que los españoles no le habían concedido en las urnas.

Sánchez no se puede permitir desairar a quienes le pusieron en Moncloa, y esa certeza explica su lamentable pasividad

Con la excusa de una supuesta apuesta por el diálogo, el presidente y su Ejecutivo se han callado ante la vergonzosa celebración callejera de un Golpe a la Constitución; no se han pronunciado sobre las agresiones violentas a policías nacionales en Barcelona; han tolerado el boicot durante el 1-O de autovías y estaciones del AVE y han admitido, durante los meses precedentes, la invasión de lazos amarillos como símbolo de opresión a los catalanes que no comparten el desvarío.

Y lo más grave, ha aceptado como si fuera normal el lenguaje bélico del presidente catalán, Quim Torra, capaz de instigar a los CDR a que cometan fechorías y reiteradamente proclive a proclamar la República de Cataluña al precio que sea.

 

 

Torra, desbordado

Que Torra sea también un títere desbordado por el radicalismo callejero y que no se haya atrevido a sortear las líneas rojas que han llevado a sus predecesores al banquillo no le hace menos peligroso ni menos responsable ni más impune.

Un país que se respete un poco a sí mismo no puede tolerar la estampa cotidiana que se vive en Cataluña, el constante desafío a las leyes y a la convivencia y la reiterada conculcación de derechos individuales y colectivos elementales.

No hay ninguna razón objetiva decente para hacerlo, y la única que asiste a Sánchez para asumirlo es su propio interés: simplemente no se puede permitir desairar a quienes le pusieron en La Moncloa, y esa certeza explica su lamentable pasividad.

La kale borroka que se empieza a adueñar de Cataluña no tiene la respuesta que merece

El conflicto en Cataluña es ya, ante todo, un asunto de seguridad ciudadana, pues los excesos políticos e institucionales que se siguen cometiendo y se cometerán ya tiene un cauce judicial perfectamente definido. Pero la kale borroka que se empieza a adueñar de Cataluña, las agresiones cada vez más cotidianas y el clima guerrillero que intentan imponer los CDR no tienen la respuesta que merecen.

Que con ese panorama Sánchez, y ministros tan decepcionantes ahora como Borrell, se limiten a apelar al diálogo mientras desatienden sus obligaciones constitucionales es, simplemente, deplorable. Y una razón añadida para convocar a los españoles a las urnas.

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