Un fantasma en el Consell

La construcción del Palacio de la Generalitat comenzó en el siglo XV y pocos recuerdan que fue Franco, recién concluida la guerra, el que lo concluyó tal y como hoy lo conocemos. En su interior, se dice que un fantasma vaga por las noches.

El Palacio de la Generalitat, símbolo indiscutible de nuestro gobierno autonómico y de la historia del Reino de Valencia, inició su construcción en el siglo XV. Sin embargo, su aspecto actual se debe a la intervención que se llevó a cabo en él a inicios de los años 40, en plena posguerra. El magnífico edificio de estilo gótico recuperó presencia a inicios del siglo XXI con la aparición de un fantasma que provocó, ni más ni menos, que el abandono de empleo por parte del vigilante jurado del turno de noche. 

La historia de este emblemático palacio se inició en el año 1418, cuando los diputados decidieron buscar un lugar fijo para realizar sus reuniones. En 1421 alquilarían al notario Jaume Desplà dos dependencias de una casa en la actual calle Caballeros. Al año siguiente, en 1422, se realizaría la compra de toda la vivienda. Sería el germen del actual palacio. Ya en el siglo XVI se amplió con una gran torre del arquitecto Montano, acercándose a su apariencia actual.

La arquitectura de este edificio representa una compleja mezcla de estilos artísticos que van desde el gótico al herreriano, pasando por el renacentista. Un claro ejemplo de su constante proceso de mejora y, a la vez, de su utilización como espacio de uso público. El primitivo caserón es gótico mediterráneo con el patio descubierto y con su escalera volada, con puerta ojival en el entresuelo. Una estética que se ha convertido en símbolo del poder político valenciano.

Por sus paredes fueron dejando huella prestigiosos artistas valencianos, como Juan de Juanes o Mariano Benlluire. A ellos hay que añadir otros muchos como Ginés Linares, Juan Sariñena, Ribalta, Vicente Mestre, Luis Mata, Sebastián Zaidía y un larguísimo etcétera.

El edificio, con intervenciones menores, fue adaptándose a la realidad política de España, de forma que perdió su sentido de institución del Reino de Valencia con la llegada de Felipe V a la corona. En 1718 se produce la abolición definitiva de la institución de la Generalidad Valenciana y en 1750 se decide el traslado de la Audiencia al Palacio de la Generalidad Valenciana. Un siglo después, pasó a ser de la Diputación Provincial, hasta que, tras la Guerra Civil, el Estado decide intervenir en el edificio y concluir su construcción tal y como había sido programado.

La Diputación decidió, no sólo engrandecer el edificio, sino reprogramar urbanísticamente todo el entorno, de forma que se realzara su importancia. A partir de 1940, la entidad provincial comenzó a expropiar todas las casas que restaban de la manzana hasta la plaza de San Bartolomé y bajo la dirección del arquitecto provincial Luis Albert Ballesteros, procedió a efectuar la restauración del antiguo edificio y emprender las obras de construcción del nuevo torreón cuyo proyecto existía desde 1580. Además se añadió un cuerpo con un patio cubierto que sirviera de unión entre la parte antigua y la torre recién construida. 

Y aquí nació la imagen actual del Palacio de la Generalitat, un edificio de aspecto gótico que impresiona por su decoración renacentista y que lo conocemos gracias a la intervención realizada en tiempos de Franco.

Sin embargo, el Palacio saltó de nuevo a la palestra en los años 90 del siglo XX debido a las declaraciones sobre avistamientos de fantasmas. Aseguraban algunos testigos que por sus pasillos se veían parturientas buscando a sus bebés. No va a ser la única iconografía fantasmagórica de esta índole en la ciudad. Casualmente, lo que hoy es también otro edificio de la Generalitat, la Conselleria de Bienestar Social, saltaba a la palestra por esa misma época con visiones de parturientas. Parecía una plaga de fantasmas embarazadas valencianas. En este caso, con alguna base real, puesto que el edificio había sido anteriormente el antiguo Hospital La Cigüeña.

Pero volviendo al fantasma del Palacio de la Generalitat, en el año 2006, quizás adelantando la próxima crisis mundial, un vigilante nocturno aseguraba notar presencias fantasmagóricas de diferente índole. En esta ocasión, las cámaras (lo que avanza la tecnología) sí lograron captar al supuesto fantasma. Una bola de luz, una nebulosa, una imagen redonda, una luz verdoso, se movía sin rumbo durante algunos segundos. Unos días más tarde, el fantasma volvió a aparecer en la parte interna de los Jardines del Palau. El revuelo fue mayor, llegando las imágenes al conceller de Agricultura, Juan Cotino, y al mismísimo presidente del Consell, Francisco Camps. Se daba la circunstancia de que ese año se producía la visita del papa a Valencia.

Y ahí terminó todo. Se borraron las copias y se dejó de hablar del tema. El Palacio de la Generalitat volvió a ocupar espacio en los medios de comunicación por su actividad política y dejó el mundo de los muertos para noches de Todos los Santos.

Vicente Javier Más Torrecillas. Doctor en Historia Contemporánea. Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. 

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