La propuesta de Puig que inspira a Casado y que hace recular a Sánchez

Puig y Sánchez, en la antigua normalidad

Puig y Sánchez, en la antigua normalidad

Lo que empezó como una iniciativa autonómica del president de la Generalitat ha ido virando hasta obligar al presidente del Gobierno a rectificar una medida crucial que había adoptado

El jueves 22 de este trepidante mes de octubre el president de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, hizo un anuncio que en aquel momento sonaba a autonómico pero que acabaría teniendo un impacto nacional: avanzaba un toque de queda nocturno.

Se anticipaba, a la espera de la conformidad legislativa que le podría dar el TSJCV, y, además, ampliaba que prolongaría ese ´toque´ hasta el 9 de diciembre, de manera que decaería justo de cara a la campaña de Navidad, un punto en el que incidía especialmente.

Aquel mismo día los líderes nacionales de los diferentes partidos andaban embriagados todavía por el debate de la moción de censura. Estaban comenzando a respirar los efluvios de las críticas o la aprobación de medios de comunicación, compañeros o rivales de partido y tuiteros múltiples.

Mientras las comunidades autónomas no se ponían de acuerdo en la reunión interterritorial sobre las medidas a adoptar, el Gobierno seguía delegando en ellas la decisión de las restricciones. El viernes 23, el presidente del ejecutivo nacional, Pedro Sánchez, amagaba señalando que no descartaba decretar un "estado de alarma", sobre todo para dar el soporte legal al confinamiento nocturno que Puig había adelantado y que otras autonomías también se planteaban, aunque sin tener claro si, en caso de recurso, les podrían tumbar la decisión. Faltaba el paso adelante del Gobierno.

Y lo dio el domingo decretando el estado de alarma y anunciando que iba a pedir al Congreso prorrogarlo seis meses, una vez cumplidos sus 15 días iniciales de validez. La primera parte contaba con la aquiescencia de la mayoría de autonomías, incluidas las gobernadas por el PP, pues daba el soporte legal que necesitaban para establecer los confinamientos nocturnos.

Ximo Puig ya no necesitaba más soporte jurídico -aunque este martes el TSJCV le ha dado respaldo con su dictamen- para una medida que esa misma noche otoñal de cambio de hora había comenzado a aplicar. 

 

Pero extenderlo durante seis meses conllevaba unas restricciones navideñas que iban más allá de lo que el president de la Generalitat había planificado. De hecho, el encierro nocturno valenciano tenía como objetivo bajar las tasas de contagios para afrontar en mejores condiciones sanitarias la segunda quincena de diciembre.

No obstante, en un PSOE cada vez más centralizado, la decisión del presidente Pedro Sánchez parecía tener pocos visos de cambiar. Hasta que Pablo Casado, cuya imagen parece que ha sufrido una importante metamorfosis de cara al Gobierno tras su ya famoso "hasta aquí hemos llegado" a Vox, afirmaba este lunes que el PP está dispuesto a respaldar ese estado de alarma cuando se vote en el Congreso si se limita a ocho semanas. Es decir, si concluye antes de Navidad. En la práctica, una propuesta muy similar a la que Puig defendía en la Comunidad Valenciana desde hacía unos días.

En esa idea de plazo cronológico que anticipó el president de la Generalitat y que luego parece haber inspirado a Casado también coincide la mayoría de partidos con representación en el Congreso. Ninguno quiere avalar un estado de alarma semestral a partir del 9 de noviembre.

En esta tesitura, y sin dar su brazo a torcer pero girándolo a tiempo para evitar que se lo retuerzan, el presidente del Gobierno ha virado hacia una situación intermedia. Mantiene su intención de prorrogar el actual estado de alarma con otro de seis meses pero, tal como ha confirmado la ministra portavoz, María Jesús Montero, al término de la reunión del Consejo de Ministros de este martes, suprime los puntos que afectaban al confinamiento nocturno.

Es decir, 48 después de afirmar que quería encerrar a toda la ciudadanía por las noches, ahora deja abierta esa opción a cada autonomía y se limita a proporcionar el paraguas legal del estado de alarma si se lo aprueba el Congreso. Por tanto, en la práctica, permite que si el Consell así lo decide la ciudadanía de la Comunidad Valenciana pueda salir por las noches a partir del 9 de diciembre, como Ximo Puig pretendía desde el principio y así lo anunció el pasado jueves.

Toda una enrevesada vorágine de acontecimientos que se han sucedido en cinco días tras una declaración del presidente de la Generalitat y que ha ido sufriendo diferentes vueltas de tuerca para, finalmente -por ahora, porque con la crisis pandémica los cambios se desencadenan en cuestión de horas-, quedarse matizada en esa propuesta inicial de Puig.

 

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