20 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Supremo ofende a los hipotecados y entrega su imagen a soberanistas y Podemos

 

 

Si el Tribunal Supremo no hubiera fallado hace apenas unos días a favor de anular el impuesto de hipotecas y cargarle al Estado y a los bancos la obligación de devolver esas cantidades a los suscriptores del crédito, a día de hoy este asunto estaría ya olvidado y ese pago, probablemente absurdo y desmedido como tantos otros de índole fiscal, seguiría asumiéndose por los compradores de inmuebles con la hastiada normalidad de siempre.

Pero el TS decidió que esos abonos no tenían encaje legal y que, en consecuencia, debería asumirlos con carácter retroactivo  el sistema bancario, aunque muy probablemente la responsabilidad económica final recayera en el el propio Estado. Es decir, en todos.

¿Qué ha cambiado para que el Supremo cambie de postura de forma tan radical y se posicione contra los ciudadanos?

Es ese fallo inicial lo que hace escandalosa la rectificación final, que da la vuelta al dictamen conocido y lo revoca para dejar las cosas como estaban: seguirán siendo responsables de este tributo los firmantes de los créditos y no quienes los conceden, liberando de paso a las arcas públicas de asumir los 5.000 millones de euros calculados en concepto de devoluciones.

Muy sospechoso

Un viraje tan radical es sospechoso, y resulta muy inquietante que un órgano de la autoridad y el prestigio del Supremo tenga una instancia superior, compuesto por 28 jueces de élite dotados del poder de enmendar, por razones poco claras, la decisión del tribunal que hasta ahora se consideraba inabordable y de la máxima jerarquía. ¿Hará lo mismo con otras sentencias cuando no le gusten a una minoría o se activen las mismas presiones que en este caso se intuyen?

Minar su autoridad justo cuando arrecian las críticas hacia él por el conflicto en Cataluña o las lamentables decisiones de Estrasburgo en casos como el de Otegi resulta torpe, indignante y contraproducente a partes iguales. Y alimenta la perniciosa sensación de que, lejos de funcionar con autonomía y al margen de la presión y el contexto, se somete a todo ello y acepta difusa presiones cuando decide obviando cualquier otra razón al margen de la jurídica.

El separatismo y Podemos sacarán partido de la pérdida de prestigio del Supremo en un momento muy delicado para España

¿Qué ha cambiado en unos días para que, ante los mismos hechos, todos ellos conocidos, el Supremo cambie de postura de forma tan radical y se posicione contra los mismos ciudadanos a los que anteayer amparó?

Nada de lo que ahora quiera aducir el TS cambiará la impresión de capricho y sometimiento que envuelve su decisión, un disparate que alimenta a la vez dos perversos efectos: el mayúsculo desprecio a los ciudadanos y el no mucho menor regalo a populistas e independentistas, que a buen seguro sacarán beneficio del descrédito en que se ha sumido el Supremo por sus extravagancias y dislates.

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