El Valencia del Centenario no puede desvertebrar así la Comunidad Valenciana

No se había visto nada igual: el Valencia ha negado la entrada a un partido de su filial a los empadronados en Alicante. En realidad, a los de fuera de la provincia de Valencia, que eran en su mayoría alicantinos, lo que somete al club che a un ridículo espantoso y a la Comunidad a un lamentable nuevo episodio de desvertebración.

La decisión, de dudosa oportunidad y veremos de cuánta legalidad, la ha querido justificar el club en el Reglamento General de LaLiga, que prohíbe expresamente la venta de entradas de la zona visitante en las taquillas del estadio local, y en que avisó a los herculanos de su intención de no abrir taquillas el día del partido. Pero sí lo hizo.

El Antonio Puchades -que para más inri no se llenó- no tiene zona reservada para la afición visitante, por lo que cualquiera puede acceder a cualquier sector de la grada. Además, también en los partidos de primera división también hay seguidores del equipo visitante en lugares diferentes a los específicamente habilitados y no pasa nada. 

El caso es que el Hércules visitaba la Ciudad Deportiva de Paterna para enfrentarse al Mestalla. Y, para sorpresa de propios y extraños, en la taquilla se le ha pedido el DNI a quienes querían comprar alguna entrada, con el resultado de que los nacidos fuera de la provincia de Valencia no han podido entrar. Muchos de ellos, venidos adrede desde Alicante al saberse que las taquillas estarían abiertas.

La explicación del Valencia es la de que adoptó esa decisión “por motivos de seguridad”. Razón que sin embargo no afectó a quienes habían comprado su entrada con antelación, vinieran de donde vinieran.

¿Resultado? Poner de acuerdo en algo -la censura al Valencia CF- al actual alcalde de Alicante, el popular Luis Barcala, y a su antecesor socialista, Gabriel Echávarri, por una vez en la vida. 


Esta irresponsable forma de actuar de un club centenario, europeo, y hasta ahora señero, obviamente no debe quedar así.  Y más, afectando a una afición, ciudad y provincia hermana como es la de Alicante. Pero también, ojo, a cualquier aficionado valencianista empadronado por ejemplo en Castellón que esperara hasta última hora para sacar su entrada. Los anuncios de reclamaciones oficiales proliferan por las redes.

Y es que no parece ni siquiera constitucional una medida que, desde luego, ataca directamente años de lucha por la cohesión y vertebración de las tres provincias valencianas. ¿Es que ya no nos acordamos de lo que pasaba en el Rico Pérez en los años ochenta cuando lo visitaba el Valencia? Una faceta de la vida tan simbólica y pasional como el fútbol merece mejores cabezas.


Ni el obligado fair play ni la oportunidad política y estatutaria, a escasos días del 9 d'octubre que tanto ha costado instaurar como fiesta de “todos” los valencianos, merecen conducta tan reprochable por parte del club de Mestalla. 

Esta actuación no puede ser despachada por la web del club asegurando que en el partido hubo un “gran ambiente en las gradas”, porque éstas estaban incompletas: faltaban muchos valencianos de Alicante.

 

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