23 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Hacen circular en el PSOE un antiguo dosier letal para Iceta

Pedro Sánchez y Miquel Iceta, en un acto de la reciente campaña electoral catalana.

Pedro Sánchez y Miquel Iceta, en un acto de la reciente campaña electoral catalana.

Movimientos discretos, de momento. Y un antiguo documento que algunos veteranos vuelven a agitar. El proyecto de divorcio con el PSC. El batacazo de Iceta, por inesperado, ha escocido.

El PSOE sigue noqueado por su inesperado fracaso electoral en Cataluña -el equipo de Pedro Sánchez había comprado el optimismo trasladado a Ferraz por Miguel Iceta- y se prepara para la elaboración de las listas electorales y la estrategia para las autonómicas y municipales del próximo año. El líder socialista se juega de nuevo su crédito en esos comicios, ante un sector -el susanismo- que está replegado en sus cuarteles de invierno pero, ni mucho menos, desarticulado.

Los decepcionantes resultados del PSC, arrollado literalmente por Ciudadanos en su feudos incontestables durante cuatro décadas, han desatado algunos incipientes movimientos sobre todo en el sector ligado a la llamada vieja guardia del PSOE, la que arropó y cerró filas con la presidenta andaluza en las primarias. Y que recupera ahora una vieja aspiración.

Y por eso vuelve a cobrar actualidad un viejo documento encargado en su día por Ferraz con un objetivo prioritario: medir las posibilidades del PSOE de divorciase del partido hermano. Una de las tesis que ha sostenido en los últimos días Alfonso Guerra.

Y es que en algún cajón de la planta noble de la sede socialista existe un dosier elaborado entre 2005 y 2006 en el que la dirección socialista diseñaba su ruptura con el PSC para concurrir a las elecciones catalanas con sus propias siglas y candidatos elegidos por Ferraz.  Uno de los dirigentes que recibió el encargo de sondear a las estructuras medias en Cataluña fue el exalcalde de Hospitalet y exministro Celestino Corbacho.

Toda la historia se remonta a la frase pronunciada por José Luis Rodríguez Zapatero el 13 de noviembre de 2003, cuando en un mitin del PSC dijo: "Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán".

Este compromiso derivó en un estatuto claramente anticonstitucional, en el Pacto del Tinell -que obligaba a los socialistas a no llegar a ningún tipo de acuerdo con el PP-, y en el tripartito que, liderado por Maragall (PSC), integraron Carod Rovira (ERC) y Joan Saura (ICV).
Guerra, Bono, Ibarra y Rubalcaba fueron los artífices del proyecto de divorcio con el PSC de Maragall, ahora en manos de Iceta.

El documento incluía una radiografía del electorado socialista en Cataluña, las corrientes de voto propias del PSOE y las más afines a la burguesía nacionalista del PSC y posibles candidatos con tirón que Ferraz podría presentar a las urnas. Pero el Estatuto fue "cepillado" en el Congreso -palabra textual de Guerra-, Pasqual Maragall abandonó el liderazgo del PSC y le relevó José Montilla.

Entonces, las aguas entre PSOE y PSC volvieron a su cauce y el documento quedó oculto en un cajón a la espera de un nuevo desencuentro.

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