24 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Moncloa humilla de nuevo al Rey obligándole a ir a Barcelona con tutela

Los Reyes, en un reciente acto

Los Reyes, en un reciente acto

Que Sánchez anuncie desde el PSOE en qué condiciones, cómo y con quién acudirá ahora Felipe VI a Barcelona ahonda el sometimiento de la Corona al capricho del Gobierno.

 

El Rey visitará Barcelona el próximo viernes, tras el veto reciente a un acto judicial, con el permiso expreso de Pedro Sánchez, tal y como se encargó de dejar bien claro este martes La Moncloa, con una secuencia lamentable de escaso respeto hacia el Jefe de Estado.

Primero lo anunció la Presidencia, después lo explicó un miembro menor de la Ejecutiva del PSOE y finalmente se insistió en las condiciones del viaje: a un asunto menor y tutelado por el propio Pedro Sánchez, que más que acompañarlo parece querer vigilarlo de cerca.

Se trata de una escena indigna de la Corona, cuyos valores simbólicos exigen un especial cuidado estético que, en este caso, no se observa. Y sí, por contra, una especie de intención ejemplarizante para que don Felipe entienda su condición subordinada, hasta en el más nimio detalle, a las órdenes de un Gobierno compuesto por un partido que le ataca y otro que no le defiende, con la intervención externa de otras formaciones que exigen su desaparición.

Cabe preguntarse, no obstante, si don Felipe acepta esta liturgia por responsabilidad institucional o por temor a las represalias inducidas por la delicada situación pública de su padre, don Juan Carlos, sumido en una honda polémica en la que se mezclan las sospechas económicas y la persecución política.

Si es esto último, él ya hizo sus deberes renunciando a toda herencia hace meses. Y si es lo primero, por razonable que parezca, cabe recordar que la Constitución no concede al Gobierno, de ninguna manera, la capacidad de permitir, prohibir y tutelar hasta las llamadas de teléfono del Rey.

El Gobierno tiene que refrendar los actos del Rey, pero eso no equivale a tratarlo como un subordinado a sus órdenes

El artículo 64 del Título II de la Constitución dice esto del Monarca: “Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes”. Refrendar no es ordenar. Su significado atiende a la ausencia de poderes ejecutivos del Jefe del Estado y al carácter simbólico de su firma para sancionar leyes, decretos y decisiones que él no ha adoptado.

¿Pero dónde está escrito que tenga que pedir permiso al Gobierno para mantener una agenda, desarrollar una actividad o expresar una opinión cuando considere necesario, con las cautelas que su posición implica?

Los derechos del Rey

En ningún lado. Entre un Rey que exceda de sus funciones y un Rey que obedezca hay un término medio que el Gobierno denigra e ignora: un Rey con criterio propio, conocimiento de su valor constitucional y derecho a expresarse con el decoro y la altura que por otro lado le caracterizan.

Sánchez no entiende eso, desde su ya endémica concepción de un poder omnímodo que no entiende ni de separación de poderes ni de la jerarquía del resto de figuras institucionales. Pero lo mismo Felipe VI debería empezar a buscar la manera de explicárselo con el sosiego y la exquisita educación que sin duda resumen su trayectoria.

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