Dimisión de Montón: no se puede hacer peor

Parece mentira que quien rige los destinos de la nación no sepa que las exclusivas se dan en tres tandas. Pedro Sánchez habló antes de la tercera y le dio una poderosa arma a Pablo Casado.

Desde los tiempos gloriosos de Pedro J.Ramírez las exclusivas periodísticas en España se dan en tres tandas. Por lo tanto, si eres el afectado o una persona próxima a la afectada lo mejor que puedes hacer es no asegurar nada antes de que se publique la tercera entrega.

Un veterano periodista valenciano me decía el lunes, horas después de divulgada la primera de las tres noticias que se han llevado por delante a Carmen Montón, que “hoy es el día de dejarle hablar”. Montón habló, ofreció una rueda de prensa claramente impulsada por Pedro Sánchez. “No-to-dos-so-mos-igua-les”, proclamó la ministra de los cien días y los treinta mails, la que no dejaba fotocopiar sus trabajos del máster. Ahora sabemos por qué.

Montón habló, y Eldiario, que fue quien clavó el primer clavo, aportó el segundo: la corrección de al menos una nota en el expediente del máster de la política socialista. “Puede ser por muchas razones, incluido un error del docente”, argumentaba en los pasillos de Les Corts durante el Debate de Política General de este martes un antiguo profesor conmilitón de la exconsellera.

Montón había vuelto a hablar temprano, en la SER, este segundo día de escándalo. Para manifestar su honestidad y su falta de explicación al episodio del cambio de nota. En los pasillos del hemiciclo valenciano la número dos del PP, Eva Ortiz, echaba de menos el respaldo de Pedro Sánchez y el de Ximo Puig a la ministra en apuros, mientras el líder de Podemos, Antonio Estañ, daba por hecha la dimisión del segundo de tres ministros valencianos del actual Gobierno. Anticipándose al tercer arreón.

Y éste llegó justo después de que el presidente del Gobierno, en un alarde de imprudencia comparable al de la filtración de la paralización de la venta de armas a Arabia Saudí, el encogimiento de hombros inicial en la defensa belga del juez Llarena, el anunciado impuesto a la banca, o la proclamada reconversión del Valle de los Caídos en sitio de reconciliación bélica, pusiera la mano en el fuego por Carmen Montón durante la tarde de este martes: “está haciendo un gran trabajo y lo va a seguir haciendo”, proclamaba por dos veces el presidente rectificante.

Pues nada, ese era el momento para el tercer clavo, esta vez en forma de zasca de LaSexta en la mismísima boca del presidente: “el TFM de Carmen Montón contiene textos idénticos a los de otros autores que la ministra no cita”. Traducido por Eldiario, “Montón copió en 19 páginas de su TFM artículos publicados en Internet”.

Ya está. La dimisión de la dogmática política valenciana no podía esperar. La había anunciado Podemos y la ratificó horas después LaSexta (Paréntesis: muy bien TVE, informando incluso durante el España-Croacia, que eso antes no pasaba, y que esperemos que con otros afectados en potencia conocidos o por conocer vuelva a pasar. Fin del paréntesis).

Y ahora vamos a lo que vamos: la precipitación del presidente, prudente el primer día de la crisis, extremadamente temerario el segundo (mientras sin embargo sus ministros eludían defender en público a Montón), ha acabado por darle una poderosa arma extra a Pablo Casado, el amenazado líder del PP.

Muchos de los que en la izquierda buscaban la dimisión de Carmen Montón en realidad querían con esa baja cargarse de razones para cobrarse a continuación la de Casado. Peón por reina. Poca salida argumental dejaban a los populares ante la evidencia de que ambos casos tenían por origen un máster, no importan las diferencias entre ambos postgrados a efectos de agit-prop.

Hasta que Sánchez, con su defensa de Montón justo antes de dejarla caer, le ha dado una baza extra a las huestes de Casado (además de la de que a Montón "se le acusa de alterar las notas y mentir"y al popular no):  la de que éste es uno más de los casos de rectificaciones que jalonan los cien días de Sánchez en La Moncloa. Y para muchos españoles es más grave la certeza de tener un presidente que cada día se rectifica a sí mismo (y al país) que un aspirante con un máster dudoso.

 

 

 

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