26 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Pedro Sánchez honra a Quim Torra y deshonra a España de manera vergonzosa

Sánchez y Torra, en el Palau

Sánchez y Torra, en el Palau

El presidente blanquea a Quim Torra y legitima el desafío separatista con una única razón: sobrevivir él mismo pasándole la factura al conjunto de España.

 

 

 

Pedro Sánchez acudió a Cataluña con un despliegue propio de una visita de Estado cuando un mandatario es recibido en un país extranjero. Solo por ese detalle, el presidente debió de negarse a celebrar un encuentro que reforzó a un político inhabilitado y, sobre todo, legitimó sus objetivos independentistas, incompatibles con la Constitución, lesivos con el conjunto de españoles y, además, juzgados y condenados en el Tribunal Supremo.

Nada de eso fue suficiente para que Sánchez, que confunde por enésima vez sus necesidades personales con los intereses de España y sacrifica éstos para tratar de atender aquéllos- Pero ese es el pacto con el diablo que el líder del PSOE selló al vincular la presidencia a la satisfacción de las exigencias de quienes le invistieron, dejando muy claro el precio que le ponían y los plazos para cobrarlo.

Una frase terrible

"Retomar la senda de la política, dejando atrás la judicialización del conflicto. La ley no basta", dijo incomprensiblemente el presidente tras reunirse con Quim Torra, dejando una idea peligrosa que anuncia los pasos venideros,

Porque si la ley no es suficiente y la política ha de actuar al margen de ella, ¿cómo no van a pensar los dos grandes partidos independentistas que pueden lograr lo que han buscado saltándose precisamente la ley? 

 

 

La gravedad del comportamiento irresponsable de este presidente no se camufla con apelaciones al "diálogo" ni al "reencuentro": aunque ese fuera el deseo de Sánchez cuando acepta estas reuniones tan indignas, no lo son desde luego de sus anfitriones.

Ni ERC ni Junts interpretan estos encuentros como el preámbulo de la reconciliación con la ley, sino como el primer paso para una independencia por fases que arrancará con concesiones indecentes y el reconocimiento de Cataluña como sujeto político autónomo. Y por mucha propaganda que despliegue el Gobierno, ésa es la realidad.

El presidente de España debe ser el primer obstáculo ante cualquiera que busque la degradación del espacio constitucional colectivo y el máximo defensor de la estructura institucional del país. Pero Sánchez, muy al contrario, se ha convertido en un trampolín de tan funestos deseos y en el mayor blanqueador de los protagonistas de ese desafío.

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