El Gobierno ha jugado con Madrid para borrar la huella de sus negligencias

Salvador Illa

Salvador Illa

No se puede jugar con la ciudadanía poniendo y quitando medidas por una disputa política que no toca y obedece a una estrategia de Moncloa que Sol no ha sabido sortear.

 

El Ministerio de Sanidad y la Comunidad de Madrid han llegado a una especie de preacuerdo que, a falta de ratificación en el Consejo Interterritorial que se celebra este miércoles con todos los Gobiernos autonómicos; fija un criterio único en toda España para la intervención del Gobierno Central en las regiones.

Sin necesidad de aprobar un Estado de Alarma, lo cual demuestra en sí mismo hasta qué punto esta figura se ha utilizado o escondido desde Moncloa por razones estrictamente políticas: sin él, cuando lo estima oportuno y con la legislación vigente, tiene herramientas eficaces para participar y tomar las riendas.

Pero quitándolo y poniéndolo a su antojo, también para mirar para otro lado durante meses y reescribir el relato de la pandemia al objeto de cargarle la responsabilidad a los presidentes autonómicos, haciéndoles culpables de la segunda oleada y, de paso, borrando la negligencia absoluta del Ejecutivo desde marzo.

Con ese tibio acuerdo, que suena más a tregua temporal que a paz definitiva; Sánchez aleja la sospecha de que se sirve de pandemia para asaltar la Comunidad de Madrid por razones estrictamente políticas relacionadas con su evidente deseo de echar al PP

 

Pero también le salva a Ayuso de parecer que adopta decisiones o deja de adoptarlas en función de defenderse de esa campaña, y no de la situación sanitaria, como si fuera más importante no darle la razón al PSOE que proteger de la mejor manera a los madrileños.

En resumen, el Gobierno Central intervendrá en las ciudades de más de 100.000 habitantes que cumplan tres requisitos: tener más de 500 contagios por cada 100.000 habitantes; las UCIS con una ocupación superior al 35% y una tasa de PCR positivos de más del 10%.

Cabe preguntarse si, para llegar a este desenlace, ha sido necesario soportar un pulso político absurdo que ha ofrecido un mensaje de inestabilidad y falta de criterio

Allí donde se den esas condiciones, Salvador Illa aplicará restricciones de movilidad similares a las que, de hecho, ya aplica la Comunidad de Madrid en las 45 zonas sanitarias donde ha intervenido hasta ahora: confinamiento de los vecinos en sus barrios y distritos para que salgan lo justo de ellos; limitación de horarios comerciales; reducción de aforos en cualquier establecimiento y reuniones de todo tipo con un máximo de seis personas.

Es decir, una Fase 1 flexibilizada, sin las franjas horarias para salir que tuvimos en aquel momento pero con reuniones más limitadas, de las 10 de entonces a las seis de ahora. La aplicación práctica esa medida, viendo las cifras del conjunto de España, es cómo intervenir en Madrid sin que Madrid se sienta intervenida por capricho.

Porque en la práctica, solo la Comunidad de Madrid, y la ciudad de Pamplona, cumplen ahora esos parámetros. Ciudades y zonas con más de 500 contagios hay muchas en España. Pero que además tengan las UCIS al 35% y los PCR positivos al 10%, solo la capital y los ocho grandes municipios madrileños, básicamente del Sur de la región.  

Una pérdida de tiempo

Cabe preguntarse si, para llegar a este desenlace, ha sido necesario soportar un pulso político absurdo que ha ofrecido un mensaje de inestabilidad y falta de criterio a una ciudadanía asustada y agotada por la larga pandemia y sus pavorosos estragos. La respuesta es negativa. Se ha perdido un tiempo precioso en un contexto de adversidades ya extremas.

Y que Sánchez haya antepuesto diluir su responsabilidad a atender mejor la emergencia, lo dice todo de las prioridades y los principios de un Gobierno que siempre se equivoca en sus prioridades pero nunca en sus intereses. Aunque sean irrelevantes para el resto.

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