02 de junio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

España tiene 14.000 muertos y Polonia 94: ¿De qué presume este Gobierno?

No es verdad que el coronavirus sea igual para todos. España lo sufre como casi nadie y, pese a ello, el Gobierno se vanagloria con infinita falta de respeto a los fallecidos.

 

 

La ministra portavoz, María Jesús Montero, dio cuenta de la insólita actitud del Gobierno en plena emergencia sanitaria y social al negarse a expresar la más mínima autocrítica, y no digamos una disculpa; al vanagloriarse de la mejora evidente de unas cifras que siguen siendo horripilantes y, por último, al achacar al infortunio el tremendo impacto del coronavirus en España, casi ya sin parangón en el mundo.

Su discurso enlaza con la estrategia de Moncloa de relativizar la dureza de la crisis, contextualizarla en una panorama global similar y, además, presumir de los avances que se experimentan a medida que pasa el tiempo, arrogándose esa mejoría y completándola con las supuestas medidas "sociales" inexistentes en otras crisis con otros Gobiernos de distinto color.

El relato oficial aspira, en fin, a borrar las objetivas negligencias o errores cometidos por el Gobierno y a transformar la salida en una síntesis de las bondades del PSOE y de Podemos, dos argumentos que demuestran cuál va a ser el comportamiento del Ejecutivo cuando el drama pase: que estén en el día después más que en dar explicaciones y atender de verdad las lagunas y estragos cotidianos, lo dice todo de las prioridades de quienes dirigen el país.

 

Obviamente la situación irá mejorando, y de ellos debemos congratularnos todos: solo faltaría que nos quedáramos sumidos en una emergencia eterna. Y solo faltaría que un país como España no supiera levantarse: lo ha hecho siempre y lo hará, sean cuales sean las circunstancias.

Pero por respeto a los fallecidos y por mera higiene moral, no se puede ni deba aceptar ese relato tan falaz de los hechos. Porque hacerlo impedirá que el legado político de esta inhumana pandemia sea decente en términos de reconstrucción y consenso y se transformará, una vez más, en una herramienta de revancha sectaria de quienes, en realidad, más tienen que explicar y callar.

 

 

Porque España se acerca a las 14.000 víctimas mortales, por apenas cien en Polonia y con diez veces más que Alemania. Y porque esa terrible desproporción entre cómo está golpeando el COVID-19 en países similares y cómo lo está haciendo en nuestro país demuestra los formidables errores cometidos: con la misma información, que fue prolija y precisa, unos países adoptaron medidas preventivas rápidas y se dotaron de material sanitario suficiente y otros no.

España está en el segundo grupo, y a la cabeza del mismo: el virus es el mismo para nosotros que para Alemania, Grecia, Polonia, Rusia, Austria y una larga nómina de países de nuestro entorno. Pero no ha provocado los mismos daños.

Se miró para otro lado

Aquí se miró para otro lado, se permitieron vuelos con Italia hasta el 10 de marzo, se despreciaron las reiteradas alertas de la OMS y de Europa, de ignoró la adquisición de material sanitario en tiempo y cantidades suficientes, se alentaron las concentraciones masivas en la calle y, en fin, se hizo todo lo contrario de lo razonable pese a tener bien cerca ejemplos letales.

 

España pudo ser Polonia, por resumirlo en una frase relativa a las víctimas de cada uno, pero se convirtió en Italia. Y esa diferencia de comportamientos y decisiones está en la base de la desigual estadística, en vidas humanas y desastres económicos, que cada país está sufriendo.

Ahora que reabre parcialmente el Congreso, el Gobierno tendrá que dar muchas más explicaciones. y empezar a asumir, sin la menor duda, todas las responsabilidades que sean necesarias. Mientras, un poco de pudor y poco más de respeto a los muertos se hacen indispensables.

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