21 de noviembre de 2017 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El marrón de la FIBA

Sergio Scariolo, el día de su presentación como Seleccionador.

Sergio Scariolo, el día de su presentación como Seleccionador.

¿Qué pasa con la lista de Scariolo? Pues pasa, y lo siento si con esto estoy cavando mi tumba mediática, que tanto Sergio como la FEB han manchado sus gallumbos de marrón.

Ya sé que hace cosa de un mes reflexioné sobre el tema pero entonces no sabía muy cómo se iba a materializar el esperpento que por fin cogió cuerpo hace tres días cuando Scariolo dio su lista de veinticuatro convocados para la primera de las ventanas FIBA. La lista de la infamia.

La situación es vergonzosa por varios motivos. El primero de ellos es que es del género absurdo que unas competiciones están exentas de ceder a sus jugadores y otras no. ¿En base a qué? ¿Miedos? ¿La FIBA tiene miedo de la NBA? Obviamente, porque si la FIBA es un transatlántico la NBA es un puto iceberg. Y no han tenido lo que hay que tener para exigirles nada, por supuesto con la connivencia de las respectivas federaciones nacionales, que se atreven a enfrentarse al mundo Euroliga, pero no al americano, como el matoncete de recreo que busca a los débiles para robarles el bocata. El lío viene cuando la Euroliga, con la fuerza de sus clubs (los más potentes de Europa) y con el apoyo de sus jugadores, se planta y no cambia, con toda lógica, su calendario.

¿Qué pasa con la lista de Scariolo? Pues pasa, y lo siento si con esto estoy cavando mi tumba mediática, que tanto Sergio como la FEB han manchado sus gallumbos de marrón. Pero no contentos con eso, en una maniobra ruin, injusta y a todas luces bochornosa le han pasado la patata caliente a ese elemento extraño que nada pinta y en el que nunca nadie piensa: los jugadores. Que se coman el marrón ellos. Que se mojen los de Euroliga y se jueguen las sanciones que correspondan negándose a ir con sus selecciones. Es obvio que lo harán, negarse, digo, porque no sería de recibo que unos fueran y otros no. Los clubes implicados no quieren cederlos y los jugadores no quieren ir. ¡Pero cómo cojones van a querer ir a jugar una clasificación de pantomima que no le interesa absolutamente a nadie!

¿Y qué sucede después? Que el marrón no desaparece sino que cambia de calzones. Y ahora los que van a tener que jugarse las castañas son aquellos jugadores que ni en sus sueños más húmedos se imaginarían ser convocados por la selección nacional y que ven como ahora, después de que el entrante, el primer plato, el postre y el café han rechazado ir con la selección les toca a ellos enfundarse la rojigualda (o la tricolor, que uno ya no sabe con tanto lío) para clasificar a España, la mejor selección del siglo XXI si excluimos a los que están fuera de concurso, para el Mundial de China en 2020. ¿Y si no lo consiguen qué? ¿A quién rendimos cuentas? ¿Tendremos los santos cojones de reprocharle algo a Fran Vázquez, que lleva lustros sin que le llamen para ir con la selección por vete a saber qué follones personales? ¿Le exigimos a Javi Vega, que mete cuatro puntos de media en el Burgos, que se eche el equipo a la espalda? ¿Y con qué cara va a motivar Scariolo a estos jugadores después de afirmar tras el Eurobasket que “las vamos a pasar canutas para clasificarnos para el Mundial”?

Es una situación dantesca provocada por lo de siempre: el dinero. Aquí nadie quiere perder su silloncito y su nómina a fin de mes. Porque si alguien en la FEB tuviera un mínimo de decencia podría haberse lanzado a encabezar un boicot al espectáculo circense de la FIBA y seguro que detrás de ellos habrían ido muchas federaciones internacionales. ¿O se arriesgaría la FIBA a jugar el Mundial 2020 sin España, Argentina, Serbia, Estados Unidos, Lituania o Francia, por poner los ejemplos más clamorosos? Ni de broma.

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