La ciudad no es para mí. Las cosas del comer

Avergüenza el nivel de español hablado y escrito de los jóvenes catalanes que, por cierto, tampoco son capaces en inglés u otra lengua extranjera.

En esta pobre España de las apariencias y los gestos, de la posverdad que es la mentira, del postureo que es hipocresía, de la memoria que es ignorancia y de lo táctico que es cinismo, las cosas del comer se resienten y explotan.

No soy capaz de observar la coexistencia del lazo amarillo junto a las reivindicaciones de médicos, funcionarios, profesores y estudiantes catalanes frente a la inacción del no-gobierno de Torra en su lacaya actitud con respecto al fugitivo de Waterloo. Ni he registrado la reacción de esos CDR que rebajan a la condición de soft a los originales cubanos de los que toman nombre.

“España nos roba” ha sido la triste y poco original respuesta de ese guvern de excepcionalidad democrática –esta vez sí que conviene el concepto- que desde su constitución solo ha sido capaz de cosechar una ley y, encima, contraria a derecho. Le guste a Sánchez o no, con la complicidad del Gobierno de la Nación.

Escandaliza el dato de que Cataluña ocupe el vergonzoso pódium de listas de espera, menor ratio de médicos por población y a la postre menor calidad de asistencia sanitaria en toda España. Mientras se abren embajadas de juguete con salarios de lujo.

Avergüenza el nivel de español hablado y escrito de los jóvenes catalanes que, por cierto, tampoco son capaces en inglés u otra lengua extranjera. Mientras se emplea dinero a espuertas en abonar el catalanismo en Baleares y Comunidad Valenciana.

Sorprende que los funcionarios catalanes sean todavía los únicos acreedores de la paga extra de años atrás. Mientras se mantienen sueldos y prebendas de fugados y encarcelados.

Las universidades españolas siguen sin bajar las tasas de matrícula–las cosas del comer- pero se entretienen en un referéndum sin garantías acerca de la continuidad de la monarquía parlamentaria.

La Generalidad Valenciana quiere pagar más a los funcionarios que no vayan a trabajar en coche. Loable pensamiento de difícil encaje administrativo, que enlaza con el mensaje de estas letras … las cosas del comer. Pero Marzá reparte la pasta entre Escola, Acció, Ca Revolta y Micalet.

Se suma Borrell a la lista de reprobables por una actitud antigua tan fea como impensable en alguien de su trayectoria. Las cosas del comer que, en ocasiones, juegan malas pasadas. A la vez, de mojitos en La Habana, desinfló musculatura con Gibraltar.

Ribó, reincorporado tras pasar por la asistencia privada -las cosas del comer- echa un capote a Grezzi con los sindicatos de la policía municipal tras su última injerencia. Pero las viviendas de María Oliver siguen siendo un futurible de escaso recorrido en lo que queda de legislatura. Las cosas del comer.

 

 

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