La educación como esperanza para la erradicación de la violencia en la pareja

Es importante confiar en aquellos educadores que saben empatizar con los adolescentes quitando esa niebla oscura negativa de la rabia, ira, celos, venganza, o posesión.

En una de  las últimas charlas que dimos en un instituto, uno de los alumnos me preguntó si los maltratadores se podían reinsertar rápidamente y adaptarse a la normalidad de la convivencia en pareja. Mi respuesta personal fue contundente al decir que NO si la violencia es una costumbre que le aporta beneficios inmediatos y falsos positivos.

Y ahí dejé esta opinión comentando que interviene más la respuesta de un psicólogo que, además, esté especializado en estos temas de conducta (o un grupo de ellos) y que dependiendo del caso, tendrá un tratamiento distinto, ya que cada persona es un cumulo de circunstancias, todas ellas dignas de estudio para elaborar un buena actuación profesional que para nada es rápida por su complejidad. Es complicado pero no imposible. Hay valores grabados a fuego en algunos jóvenes desde que son niños.

No me atrevería a decir qué edades concretamente, pero sí que creo honestamente que mientras vivan en sus casas, con sus familias, en el colegio, en el instituto o en la Universidad, tienen una oportunidad de que pueda producirse un cambio en sus conciencias. Además de comprender aquellas situaciones extremas, absurdas, de comprender la violencia y sus posibles consecuencias, comprender los daños irreparables que causan. Entonces la reinserción si es posible porque están sintiendo qué es la empatía y cuáles son las arbitrariedades.

Podrían comprender lo irracional de determinadas conductas, y obviamente muchos de ellos pueden observar que el amor y los buenos sentimientos, la comprensión, la reflexión, la lógica, lo cambia todo… Si creo que es posible.

Está claro que existen diferentes programas de intervención para hombres que ejercen la violencia de género, algunos con más éxito que otros, ya que en función de “los posibles beneficios posteriores” el maltratador consigue el alta… que pudiera ser real o no, pero estamos hablando de jóvenes, de gente que está en proceso de establecer su personalidad, que está realizando cambios constantes en su psique.   

Quiero decir que debemos avanzar en la educación y confiar en aquellos educadores que no solo comprenden las edades complicadas de la adolescencia, sino que también saben comunicarse con ellos y abordan las desavenencias afrontando los problemas, quitando esa niebla oscura en forma de escudo de hierro y negativa de la rabia, ira, celos, venganza, o posesión.

No siempre se consigue, ya que la voluntad reforzada de algunos jóvenes es poderosa y sabemos que los recursos disponibles en la mayoría de las ocasiones son escasos para ayudar a estas personas.

Pero no es concretamente de estos programas de lo que les quiero hablar, de lo que saben mucho más los expertos. Les hablo del papel de aquellos jóvenes con problemas de conducta que precozmente todavía se pueden recuperar, la importancia de aquellas escuelas que se dedican a plantearse -una buena estructura educativa y una acción real en las aulas-.

La realidad es que cada vez son más los adolescentes ejercen violencia de género sobre sus parejas, sobre todo, como hemos dicho, en muchas ocasiones a través de las redes sociales, el WhatsApp, Instagram, el Facebook, los correos electrónicos,  etcétera.

Cada vez son más adolescentes los que ejercen violencia de género sobre sus parejas a través de las redes sociales, el WhatsApp, Instagram, el Facebook o los correos electrónicos

Y es una realidad que no vamos a negar, y que estos medios facilitan el control sobre la pareja, la intimidación, la amenaza, porque son medios directos, rápidos. Desde temprana edad debe de introducirse en el sistema educativo determinadas materias imprescindibles para poner en la palestra todo lo que ocurre en la realidad.    

Hemos observado en institutos y colegios trabajos muy importantes de educadores que hacen posible la visibilización de la violencia de género en la etapa escolar y hasta que se llega a la universidad.

Muchos de estos jóvenes son concienciados de la profundidad de la temática, de la consecuencia de los sentimientos mal enfocados, y de la pantalla opaca que muchos tienen por ego, o por una obsesión que termina con una -obcecación persistente- que no les deja vivir a ellos, ni a los demás. Finalmente la educación impartida en sus trabajos, sus talleres, sus intervenciones, sus grupos o equipos del alumnado que resuelven problemas que hacen que con el tiempo, muchos alumnos tengan la suficiente conciencia de detectar el mal que se puede provocar casi inconscientemente por unos valores adquiridos por el entorno social que son realmente injustos.

Las charlas familiares o de amigos con determinados jóvenes con malas actitudes con la pareja, de hablar, hablar, hablar, de esas conversaciones largas o críticas que nos parece que caen en saco roto porque no se escuchan (o eso es lo que parece), pero sí que quedan en el subconsciente del interlocutor, aunque pensemos que no sirven para nada todos debemos de detectar esas incomprensiones y visibilizarlas. Tenemos que hablar con nuestros jóvenes.

Este aspecto ya lo recoge el artículo 4° del Primer Capítulo de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de Diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Genero, que indica “[…] el sistema educativo español, incluirá dentro de sus principios de calidad, la eliminación de los obstáculos que dificultan la plena igualdad entre hombres y mujeres y la formación para la prevención de conflictos y para la prevención pacífica de los mismos.”

El sistema educativo español está avanzando mucho, cierto, pero la rapidez y la más temprana edad a la que comienza la violencia, le requiere también de un esfuerzo aún mayor para sacar personas responsables y educadas en igualdad… es una urgencia. Es posible establecer un sistema de intervención más precoz para ir trabajando adecuadamente, no es una utopía.

Resumiendo y terminando… dejar claro que el papel de las familias es fundamental, que ellos sepan que pueden contar con ellas, el diálogo o las broncas… da igual, lo que haga falta, pero que ellos que sean conscientes que eso no está bien y hagan el esfuerzo de cambiarlo, alentar a las familias a seguir sin descanso aunque esto sea un horror, aunque sean adolescentes, impetuosos, rebeldes, respondones, a que sigan luchando para que todo se quede en una etapa de su vida que pudo enderezar finalmente comprendiendo y entendiendo a los demás.

*Grupo EmeDdona.

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