28 de marzo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Y al final resultó que Llull era humano

Sergio Llull, en el momento de lesionarse la rodilla.

Sergio Llull, en el momento de lesionarse la rodilla.

Lo sentí como si fuera mi rodilla, sin serlo. Me dolió como hermano, sin serlo. Y escribo para que Sergio lo perciba como aliento de amigo, sin serlo. Me suda tres cojones el Eurobasket...



¿Por dónde se empieza un escrito cuando se tiene una sensación de desazón como la que tengo yo desde anoche? No lo sé. Es muy difícil y me disculpo de antemano porque es probable que me quede un artículo un tanto extraño, con ideas sueltas que se interconectan en mi cerebro pero que vosotros no tenéis necesariamente que sentirlas como yo.

Yo no soy amigo de nadie en el mundo del baloncesto profesional. No me he tomado una cerveza con ningún jugador y mis contactos con ellos se limitan a mi “personaje” y a un palacio de los deportes. Por eso me resulta tan complicado explicar lo que sentí ayer con la lesión de Sergio Llull. Ahora puedo entender un poco, siendo yo muy ateo, a los que creen en dios y en cosas de esas que no están. Lo que sentí ayer no lo puedo explicar de una manera racional. Me dolió. Pero no fue un dolor físico, evidentemente. Me dolió…tendré que decirlo, me dolió en el alma. No creo que exista el alma y seguro que algún científico tiene un nombre técnico de alguna parte del cerebro o de la médula que se encarga de estos sentimientos. El caso es que me sentí roto.

Lo sentí como si fuera mi rodilla, sin serlo. Me dolió como si fuera mi hermano, sin serlo. Y trato de escribir esto para que Sergio lo perciba como el aliento de un amigo, sin serlo. Me suda tres cojones el Eurobasket, la Euroliga, la Copa y la madre que parió a todos los títulos en juego. Esta es la derrota más dura a la que se tiene que enfrentar un deportista. De un varapalo como el de Estambul uno se levanta rápido, porque perder o ganar forma parte intrínseca del juego. Pero para una puta lesión de siete meses uno no está preparado. Estas mierdas no vienen en el reglamento. Simplemente el deporte y el destino son unos cabrones muy caprichosos y cuando menos te lo esperas ahí están, a la vuelta de la esquina, como caco con pasamontañas y bate de béisbol, dispuesto a partirte la rodilla en dos.

La clave de todo es que tiene un cerebro sobrehumano, que le ha hecho mentalizarse para entrenar y entrenar como un verdadero animal

Lo bueno de Llull, su grandeza como jugador y persona, es que no se ha convertido en el mejor jugador de Europa por ser el más técnico, el más táctico o el que tiene marcado hasta los músculos de las pestañas. No, joder, ¡pero si en las fotos de este verano tenías hasta tripita, hijoputa!. La clave de todo es que tiene un cerebro sobrehumano, que le ha hecho mentalizarse para entrenar y entrenar como un verdadero animal. Y cuando ya la gente le decía que era muy bueno, él siguió entrenando y entrenando. Y cuando ya era evidente que era el mejor del continente, siguió entrenando una y otra vez. Y no se puso techo, porque la gente con esa capacidad de sacrificio no lo tiene.

Y podemos echarle la culpa al exigente calendario, a la girita de siempre en verano con pachanguitas de baja intensidad o a lo que queramos, el caso es que cuando entrenas al cien por cien, juegas al cien por cien, vas a por todas las pelotas, nunca das un partido por perdido, atacas, defiendes, esprintas, saltas, gritas, te golpeas el pecho, juegas con dolores, ganas, pierdes, lloras, celebras y todo eso lo haces como si fuera tu último día, corres un pelín más de riesgo, tu cuerpo está siempre al límite y llega un momento en el que te puedes romper.

No tengas prisa por volver, no seas bruto. Haz caso a los que saben. Entrena más duro que nunca. Con paciencia, pero más fuerte que nunca

Y el que hace todo eso por convertirse en el puto mejor jugador de Europa, ¿por qué no va a volver a hacerlo por recuperarse? Tendrá un equipo de médicos, fisioterapeutas y preparadores físicos que van a hacer todo lo que esté en su mano por hacer que vuelva a ser el mismo. Pero recuerda, Sergio, lo que te hizo grande fue tu cabeza. Todo está ahí. No tengas prisa por volver, no seas bruto. Haz caso a los que saben. Entrena más duro que nunca. Con paciencia, pero más fuerte que nunca. Y cuando estés preparado física y mentalmente, vuelve. Sé que en el fondo pensarás que no volverás a ser el mismo. Tendrás que adaptarte poco a poco a tu nueva realidad. Pero si juegas con la pasión y la intensidad de siempre, ¿qué puede ir mal? Vas a alucinar con la ovación de los que te queremos y los que desde ya estamos contando los días para volver a verte hacer perrerías en una cancha de baloncesto.

Y si alguien conoce alguna manera de padecer una lesión subrogada, ofrezco desde ya mi rodilla para que me operen, la amputen o hagan carne para salchichas. Lo que sea si eso significa que Llull esté mañana mismo jugando.

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