14 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT
  • Pascual Tamburri

    Ruta Norte

    Pascual Tamburri nació en Pamplona y vive Navarra. Es licenciado en Filosofía y Letras, en Ciencias Políticas y en Derecho, doctor en Historia Medieval y profesor de Instituto. Ha investigado y publicado más de dos décadas y sigue creyendo que hay futuro para España y sus campos.

Nápoles enseña toda su memoria histórica a Madrid

El pasado es de toda la Nación, no  para jugar con la "memoria"

El pasado es de toda la Nación, no para jugar con la "memoria"

¿Somos mejores que nuestros antepasados?¿Tenemos derecho a juzgar sus actos, cambiar sus nombres y destruir sus monumentos? España es uno de los raros países que sí lo cree

Está de moda hablar de esa a la que llaman “memoria histórica”, y hacerlo para asignar calificaciones morales a los distintos momentos del pasado. En España en especial, este curioso deporte, que poco tiene de histórico, ha sido elevado a la categoría de dogma de Estado. Desde la elevación de Zapatero a las alturas está penado no compartir los puntos de vista de la progresía, aunque sean enfocados hacia el pasado y aunque impliquen una manipulación de esto o directamente su falseamiento.

Así somos y así funciona esto: 40 años después de muerto Francisco Franco se siguen cambiando nombres a calles, plazas, instituciones y monumentos, y se ha convertido en obligatorio proclamar en público la interpretación nacional-marxista del pasado de España.

Lo que tiene cierta ironía es que, mientras nosotros hacemos esto con un Gobierno dice que “popular”, Italia, que tiene un Gobierno de izquierda militante y que ya tuvo su dosis de “memoria histórica punitiva” a comienzo de los años 50 del siglo XX, va en la dirección completamente opuesta. En la capital del Sur, la vieja Nápoles española, se acaba de inaugurar un monumento a los caídos de guerra (ya que allí la Primera Guerra Mundial ha cumplido el siglo); y no sólo eso, que ya sólo aquí sería motivo de escándalo, sorpresa o miedo.

Parece que allí hace falta más “memoria”, y el barrio occidental de Pianura en Nápoles, junto a su monumento a los Caídos, este mes de noviembre ha inaugurado una placa monumental de mármol con un fragmento del discurso de Benito Mussolini el 9 de mayo de 1936. La proclamación del Imperio. Nada menos.

En la plaza de san Giorgio, junto al monumento en bronce a los combatientes, que fue robado en julio, lo que fue motivo de escándalo en todo el país, se ha inaugurado sin ningún pudor la parte del monumento referida al antiguo líder del país. A la inauguración ha asistido el vicepresidente del Ayuntamiento, Marco Nonno, que ha acudido en uniforme de paracaidista, varios concejales del IX municipio napolitano y representantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, que también han rendido honores militares, y representantes de la Archidiócesis, además de miembros de distintas asociaciones como “Nuovi Orizzonti per Pianura”,  “15-18 italiani in Trincea”, “Paracadudisti” y CasaPound Italia.

Mientras que el busto representa a un soldado de Infantería de 1915-1918, la placa reproduce unas palabras que casi todos los italianos incluso de hoy han escuchado alguna vez: “El pueblo italiano ha creado con su sangre el Imperio. Lo fecundará con su trabajo y lo defenderá contra quien sea con sus armas. En esta suprema certeza, levantad en alto, legionarios, los lábaros, el hierro y los corazones, para saludar, después de quince siglos, la reaparición del Imperio sobre las colinas fatales de Roma. ¿Saréis dignos vosotros? Este grito es como un juramento sacro, que os empeña ante Dios y ante los hombres, a vida o muerte”.

Un estilo inconfundible, poco amado por la política oficial de hoy, pero sin embargo parte necesaria de la historia nacional. La verdadera cuestión no es sorprenderse de que en un país vecino y hermano pueden compartir un pasado histórico sin necesidad de jueguecitos mohosos de placas y nombres como los que vemos cada día aquí, de Pamplona a Madrid. Lo ejemplar es que la memoria allí es verdadera, no divide como aquí, y de hecho dividía más que ahora pero han aprendido a vivir más cercanos y sin juicios de valor que no todos pueden compartir. Ya que tanto se habla de “memoria” estaría bien que nuestros gobernantes, los de antes los de hoy o los de mañana, aprendan un poco de Italia, para que no seamos por más tiempo un país con una memoria minusválida ni, ay, zurda.

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